miércoles, 14 de diciembre de 2005

'El Lute': "El primer deber de un preso es fugarse"


El conocido fugitivo recuerda sus años de cautiverio y su rehabilitación en Alcalá para pasar de ser el malo de España a un ciudadano más
Eleuterio Sánchez fue el fugitivo oficial del régimen de Franco. Después de 18 años de fugas y cárceles, dio con sus huesos en la de Alcalá de Henares. Allí aprendió, paso a paso, a vivir en libertad. El martes pasado firmaba sus memorias en la librería Diógenes, ya como autor de éxito y símbolo –gracias a los periódicos y el cine– de que la rehabilitación es posible.


–Aquí está usted de nuevo. Libre.
– Cuando llegué a Alcalá llevaba 15 preso y estuve tres aquí. Pero aquí no era encarcelamiento, sino menos, sólo una cosa molesta...
–Dice la leyenda que El Lute empezó robando una gallina.
– Es verdad. Fue en Badajoz. Y eran tres gallinas. Por eso me pusieron dos años de condena y me aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes. Hay atracadores ahora a los que no les condenan a todo esto...
– ¿Era usted malo o solo pobre?
– Pobre, como tantísimos españoles. Trabajaba en las cosas del campo, y hay temporadas en la que estás parado. Uno se buscaba la vida como podía. Éramos temporeros y no había subsidio de desempleo.
– Robaba por hambre.
– Sí. Por necesidad.
–¿Y qué le movía a escaparse?
– Porque la primera obligación del preso es fugarse.
–Pues cumplió muchas veces.
–Muchas. Me escapé de los penales, pero muchas veces rodeado por la Policía. La primera fue del tren, aprovechando un traslado de un penal a otro. Me llevaba la Guardia Civil, me quité las esposas, me lancé de cabeza y me rompí el esqueleto. Estuve doce días hasta que me cogieron. Y la segunda fue seis años después del penal del Puerto de Santa María, el de las coplas... Un sitio terrible del que nunca se fugó nadie ni antes que después que yo.
–Después se puso de moda el delito de cuello blanco. Roldán, Mario Conde... ¿Qué opinión le merecen?
– No hay comparación posible. Son grandes delincuentes y no tienen el atenuante de necesidad, sólo quieren engordar más y más. Y al final les ponen en régimen abierto. Eso es así: el que roba un barco es un pirata y el que roba mil barcos en un conquistador.
–Empezó a probar la libertad en Alcalá. ¿A que sabía entonces?
– Tenía una cadena perpetua. Pero Carlos García Valdés, director general de Prisiones, me trajo aquí confiando en que iba a responder con Jesús Calvo como director de Régimen Abierto. Él fue una persona clave en mi vida y fue el que dijo que había que ayudarme a que mis alas se endurecisesen y pudiese volar libre. Salía todos los días a trabajar y los fines de semana iba donde quería. Trabajé en el despacho de abogados de Tierno Galván, y empecé a escribir y a participar en mesas redondas. Ahora tengo varias columnas fijas en medios. Pero el tema biográfico lo he trascendido hace tiempo.
–¿Cómo recuerda esa vuelta a la calle?
– De la primera libertad recuerdo la luz. Era un perfecto inadaptado. Estaba embelesado con todo el mundo. Veía pasar una mujer o un niño me dejaba ensoñado. Yo no era una persona normal, sino muy famoso. Si hubiese sido anónimo todo hubiese sido más fácil para mi.
–¿Cómo se convirtió en el malo de España?
– A mi no se me juzgó por lo que hice, sino por las carencias de aquella España de entonces. No había libertad ni Estado de Derecho. Se me usó como chivo expiatorio para desviar la atención pública de los españoles sobre cosas que realmente importan. Para distraer la atención y llenar el vacío de esa España autárquica, insolidaria, casposa, hipócrita y catolicona. Pero les salió la criada respondona. Me condenaron a muerte y después a cadena perpetua sin haber matado ni siquiera a herido nunca a nadie. Pero yo no me reprimí, salió el rebelde y empecé a fugarme, a estudiar, a abrir los ojos y a tomar conciencia. Y dije: “Yo libre o muerto, mi madre no me parió para estar preso”. El pueblo estaba intoxicado con los cuentos de las madres que decían “que viene el Lute” a los niños para meterles miedo y que se durmiesen. Pero acabaron viendo la verdad.
–En su libro no sale muy bien parada la Guardia Civil.
– Ahora es un cuerpo al servicio de la democracia, pese a sus fallos. No tiene nada que ver.
–¿Siguen haciendo falta las cárceles?
– Nunca hacen falta. De una habitación con cuatro paredes me sobran tres. Está el violador, el homicida... Pero a los demás habría que ayudarlos.

1 comentario:

Puerta dijo...

Este hombre se ha pasado más año a la sombra que una estalactita.
No me extraña que flipara al salir, ni tampoco que tenga a los guardias civiles cruzados.

Pero que bien está en el Cuentame. :-o