lunes, 26 de diciembre de 2005

Los universitarios tomarán el centro desde el año que viene

La  Universidad proyecta construir sus dos primeras residencias en el centro, que acogerían en total a medio millar de estudiantes / Alcalá espera revitalizar así el casco viejo de la ciudad
El ambiente universitario tan propio de otras ciudades como Oxford o Salamanca puede estrenarse de la mano de dos residencias para  alumnos que tiene previstas la Universidad de Alcalá. Una de ellas, junto al actual teatro de La Galera, se iniciará a construir este año.
Así, la Universidad espera triplicar sus plazas universitarias de alojamiento cuando acabe el año que viene.  Es lo que tiene previsto el rector con las obras que ha puesto en marcha tanto en el centro de la ciudad como en el Campus, donde ya hay unos 300 estudiantes alojados, junto a las facultades de Ciencias, la Escuela Politécnica y el Hospital. Una nueva residencia se inaugurará el año que viene en esa misma zona. Con 300 plazas, duplicará la capacidad de acoger a alumnos de la UAH, aunque seguirá manteniendo al grueso de los alumnos lejos de un casco urbano que necesita de ellos para revitalizar su comercio y su oferta nocturna y de ocio en general.
Por eso, y porque la demanda de pisos para estudiantes es ingente, la Universidad va a empezar este año las obras de una residencia más. La novedad es que esta vez está en el centro. Concretamente junto al actual teatro La Galera, entre la conocida sala y la Facultad de Documentación. El rector, Virgilio Zapatero, explicó en un reciente desayuno con periodistas que allí se ubicarán unos 200 estudiantes. Se enderezaría así una de las taras de Alcalá como ciudad universitaria, que nace de la falta de acuerdo que hubo entre ciudad y universidad a principios de los noventa, cuando el alcalde Florencio Campos rechazó los planes del entonces rector Manuel Gala para emplazar residencias universitarias en el centro de la ciudad. Así, los estudiantes que quieren residir en Alcalá se han dispersado por pisos baratos a las afueras o en las residencias del campus, privando al casco viejo del dinamismo que aportarían a cualquier núcleo urbano.  
Otro espacio para alojar estudiantes en el centro está en los Cuarteles. Pero en el caso de La Galera el problema es que el punto de partida es radicalmente distinto al del Campus. Allí el espacio es mucho más amplio y barato, pero aquí se trata de un codiciado rincón en el centro que requiere rehabilitación. La Universidad quería que alguien lo construyera y lo explotase de manera subsidiaria para ejecutar la obra. Pero esto, según temían en la Cisneriana, podía disparar el precio de las habitaciones. Sin embargo, la pasada semana el rector dijo que las habitaciones “deben costar lo mismo” en la residencia de La Galera. Y con la misma seguridad dijo que las obras empezarían con prontitud. Será la primera residencia universitaria de peso que tenga la ciudad en el centro, con un efecto inmediato sobre la vida en el centro de la ciudad.
Este anuncio de nuevas residencias para la ciudad llega en un momento de colapso del alquiler por 3.300 alumnos buscando piso en la ciudad complutense. El municipio tiene más de 11.000 casas vacías. Pese a eso, sólo ofrece 3.000 en alquiler, una oferta demasiada pequeña y demasiado cara para amortiguar los problemas de vivienda en la ciudad complutense. El propio rector ha reconocido repetidas veces que “tenemos en la UAH un cuello de botella” en cuanto a alojamiento.
 
 
Los Cuarteles duplicarían  los estudiantes en el centro
El anhelo confesado tantas veces de revitalizar el centro guarda otro as en la manga: una gran residencia de estudiantes en los actuales Cuarteles del Príncipe y Lepanto. El edificio está sin uso actualmente y hay espacio para colmar esta aspiración compartida por Ayuntamiento y Universidad.
Queda por resolverse el proyecto global, un espacio militar cedido a la UAH en la que las autoridades académicas esperan emplazar hasta 300 estudiantes. Éste es uno de los puntos que menos suspicacias suscita en el Ayuntamiento, que es partícipe del proyecto junto a la Comunidad de Madrid, que se hará cargo de las obras de remodelación de la enorme manzana. Son otros usos, como el aparcamiento o los espacios comerciales que se ubicarían donde antes había barracones militares, los que tendrán que recibir el visto bueno de las tres partes para que el resto salga adelante. La Universidad ha perfilado ya el proyecto para recabar después el apoyo municipal.
La futura residencia de los Cuarteles de la plaza de San Diego no tiene plazo en el tiempo. Tampoco se ha terminado de decidir el modelo de explotación que tendrá la residencia de La Galera, que no afectará al desarrollo de la programación teatral en la cercana sala. El rector duda todavía si hacerlo con CRUSA, la sociedad que explota ahora las residencias de la UAH. Podría también, apuntan en la UAH, hacerlo con una sociedad privada. Incluso se ha tanteado a algún grupo extranjero.
Sí se sabe más sobre el nombre de la residencia del Campus, que se llamará Manuel Azaña: “Es un gesto necesario con la figura del ex presidente, que no ha sido reconocido de este modo por la Universidad de Alcalá hasta este momento” explica el rector, Virgilio Zapatero. El edificio de la papelería Tornasol, junto a Escolapias, acogerá otra residencia, pero privada.
 
La Galera es la estrella de los presupuestos de inversión de la Universidad de Alcalá de cara a 2006. Durante el año que viene se quiere terminar el colegio de Basilios y acometer varias obras en el Campus: el espacio deportivo, con nuevas canchas de entrenamiento que quieren cambiar radicalmente la apariencia del lugar. Habrá además un nuevo edificio para el laboratorio de  Químicas junto a Farmacia. Aguarda también el ajardinamiento del Campus.
 
Estudiantes ilustres, correrías de leyenda
Dicen que Lope de Vega orinaba en la calle Mayor, y que tenía querencia por una de sus columnas. Y que Quevedo protagonizó alguna fuga sonada por los altos muros de la Cisneriana. La Universidad de Alcalá ha tenido estudiantes tan ilustres como San Ignacio de Loyola, San José de Calasanz, Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, Calderón, Antonio Pérez o Jovellanos. Todos han dejado tras de sí una leyenda, reconoce desde el Centro de Estudios Cervantinos José Manuel Lucía, que menciona la penosa aventura de don Pablos en ‘El Buscón’, escupido por novato por sus compañeros a la entrada de la Universidad. “Los estudiantes en general tenían mala fama por sus juergas, pero los señoritos siempre vivían bien  y sabían hacer amigos”, cuenta José Manuel Lucía.

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