miércoles, 7 de diciembre de 2005

"No sé si he tenido suerte, apenas puedo moverme"

Víctor se levantó el viernes pensando en cómo iba a pasar el fin de semana cuando acabase sus horas de curro en el Leroy Merlín, pero de camino al coche el crack de un árbol cambió los planes para el puente, y casi le trunca el resto de la vida.
“Sentí el crujido del árbol y lo siguiente que recuerdo, malamente, es estar debajo de él”, recuerda en su cama de la segunda planta del Hospital Príncipe de asturias. “He tenido suerte, los médicos me han  dicho que podría haberme quedado paralítico a poco que se hubiese dañado la médula espinal”.
El olmo que le cayó encima y que le reventó la vértebra número 8 le había visto crecer en el barrio de Lope de Figueroa, pero no se anduvo con chiquitas: lesión en el pulmón derecho con rotura de la pleura, fracturas costales y levantamiento de la piel del cráneo  provocado por el fuerte impacto. Ahora aguarda una operación en la que una pieza de metal sustituirá a la maltrecha vértebra que cargó con los cientos de kilos del peso de ese árbol. 
Debieron de ser unos minutos interminables para él y sobre todo para los vecinos que lo ayudaron. Su madre limpiaba la casa a una calle de distancia y su hermana pasó a unos metros minutos después, sin ver que Víctor estaba dejado de uno de los árboles que durante años acarician la ventana de su habitación, en un octavo piso. “La siguiente imagen que recuerdo es estar en el suelo, con los que me atendían y me cortaban la camisa” explica Víctor, que todavía siente el frío del agua en su piel  al descubierto.
Después en la UCI todo fue confusión. “Daba mi teléfono con señas y horas después vi a mi madre, que me dijo que todo iba a salir bien”, explica mientras su novia le aprieta la mano entre las suyas.   Después ha venido la recuperación. Un calvario sobre todo porque al principio no podía moverse y apenas hablar: “Los dolores no son tan grandes porque me dan medicación”, explica ahora. Antes tenía que lidiar con los temblores que acompañan a los pacientes a los que todavía no se les ha hallado el punto medio de calmantes que necesitan. “Por eso al principio se encontraba un poco desorientado”, explica su chica, Isabel Merino, que tardó horas en ser localizada. “Te dicen que se le ha caído un árbol encima y te imaginas una rama, o que le ha caído algo al coche conduciendo... nunca piensas que se trata de un arbolón como el que se le cayó encima”, dice todavía con algo de incredulidad en su voz.
A Víctor Rojo le gustan los deportes y la música. Pero de momento se tiene que conformar con los cascos y el canal Eurosport mientras sus seis costillas se recomponen y llega el momento de la difícil operación, que sustituirá con una prótesis la vértebra que se llevó el árbol con su caída. Tiene un poco de miedo pero confía en los médicos, que le han dicho que cuanto antes se haga, mucho mejor para su recuperación.
Hasta entonces le queda pensar en lo que ha pasado. “No creo en el destino, pero esto es como para empezar a hacerlo”, bromea. “Si no hubiese cogido ese ascensor... si hubiésemos llegado más tarde la noche anterior y durmiésemos un poco más... si hubiese dejado el coche en otra parte”. Muchas cosas podrían haber pasado. Pero está vivo. 
 
La familia pedirá responsabilidades
 
“No sé si he tenido suerte, apenas puedo moverme pero estoy vivo”. Es el resumen de Víctor, que mañana cumple una semana en el hospital desde aquel fatídico día de viento. De momento su familia sólo piensa en su recuperación y él en hacer vida normal y darse el capricho de irse a un balneario en el Pirineo. Después pensarán a quién piden responsabilidades por lo sucedido, después de que el Ayuntamiento haya insistido en que el árbol se encontraba en una zona privada y no había peticiones de poda.

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