jueves, 15 de diciembre de 2005

Por fin, aquí sí hay quien suba

Érase una vez un bloque de cuatro plantas, con sus cuatro tramos de escaleras y sin ascensor que echase una mano a los vecinos más mayores en su lucha diaria contra la ley de la Gravedad. 18 familias viven en el 21 de avenida Castilla, un vetusto bloque huérfano de elevador hasta que un referéndum puso las cosas en su sitio. Dos años ha durado la campaña, en la que el sí al invento se alzó con tres quintas partes de los votos.
José Luis Férriz, presidente de la comunidad de propietarios, ha vivido en ese piso 34 años de su vida: “Nos vamos haciendo mayores y yo ya me iba a ir de aquí”. El miércoles se reunieron en la entrada del bloque para celebrarlo. Estaba su esposa, Maribel Sánchez, otra de las abogadas del ingenio metálico. Estaba también José Tejero Cabanzón, secretario, deambulando de un lado a otro con ánimo de fiesta.
Han sido los cabecillas de la operación ascensor, que ha costado 61.000 euros y unos noventa días  de trabajo. Todo para meter por partes el ascensor y montarlo como si fuese un mecano en el patio del edificio, ahora prácticamente ocupado por esta máquina, que carga con 320 kilos y recorre un metro por segundo, según GTG, la empresa que lo ha instalado.El pago, explican, ha sido solidario: 4.060 euros los del 4º y el 3º, 3.000 los del 2º y el 1º. Y por fin, 500 los del bajo, que poco uso harán del ascensor pero que al fin y al cabo ven revalorizarse el edificio donde viven.
Incluso los más jóvenes están encantados con el invento. José Manuel López, de 35 años, ya no tendrá que dejar el coche del niño en el maletero para trepar hasta el 3º. Y cuando su mujer venga con la compra, no tendrá que esperarle para subirla. Claro que siempre hay descontentos. Crisóstomo Matamoros vive en el tercero y, aunque anda adentrado en la sesentena, no quiere saber nada del ascensor y baja, con bastón, por la escalera. Tan hondo es el desapego que “si vendo el piso, diré que no tiene ascensor”. Para gustos, ascensores. 
 
¿Adiós a la escalera?
Daniela Damián vive en el 3º y tiene una niña, Michelle, de tres años. Antes para subir la compra dejaba a la pequeña en la tienda para bajar a por ella después. María Porras, de 25, también está encantada, su piso vale más y, de vez en cuando, baja por la escalera.
 

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