martes, 14 de febrero de 2006

El Cervantes se queda y abrirá otra biblioteca

El alcalde cree que el anuncio de cambio de sede central fue un error de redacción
El Instituto Cervantes no muda su sede central de Alcalá a Madrid. Así lo confirmó ayer un portavoz de esta institución un día después de emitir una nota en la que anunciaba un cambio su “sede central” al madileño edificio de Cariátides. La única sede que se muda es la de las oficinas centrales de Madrid, ya que el edificio se les ha quedado pequeño.  
“El Instituto Cervantes sigue teniendo dos sedes centrales. Una en Madrid, donde está el director, y otra en Alcalá, que es la sede institucional”, explicó otro portavoz ayer por la tarde. La sede central de Alcalá se queda como está, con el Centro de Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera y espacio institucional de la entidad. Además, este año se abrirá una nueva biblioteca que estará especializada en libros relativos a la enseñanza del castellano a los extranjeros. 
La nota emitida anteayer por el Cervantes decía que el organismo “tuvo” su sede central “en Alcalá, ciudad de nacimiento de Miguel de Cervantes”. El propio alcalde de Alcalá, Bartolomé González, al ser preguntado por el asunto ayer en una rueda de prensa, atribuyó el malentendido a un “error de redacción” y se felicitó por la apuesta del Instituto Cervantes en nuestra ciudad. Bartolomé González corroboró la  versión oficial del Cervantes, que asegura que Alcalá seguirá apareciendo como sede central en todos los documentos “junto a la nueva sede de Cariátides”, donde se mudan las oficinas de Madrid.    
“La sede histórica sigue siendo la de Alcalá”, dijo el primer edil, que esta vez ni se preocupó por levantar el teléfono para hablar con el responsable del Instituto Cervantes, César Antonio Molina. Algo muy distinto a lo que sucedió en junio de 2004, cuando el primer edil amenazó al Cervantes con echarlo de su sede en la calle Libreros –un edificio cedido por el Ayuntamiento– si reducía su presencia en Alcalá. El motivo de tal temor fueron unas declaraciones muy similares emitidas esta vez por el propio César Antonio Molina acto seguido de tomar posesión durante una ceremonía que se desarrolló en la propia sede complutense. Molina dijo que ampliarían su sede de Madrid “por falta de espacio” y que reunirían allí todos sus servicios.
El conflicto se cerró con una entrevista entre el regidor complutense y el director del Instituto Cervantes en la que este último se comprometió a aumentar su implicación de la ciudad. Desde el Cervantes se aseguraba ayer que se mantendrá este compromiso, que según el alcalde se ha venido cumpliendo con exposiciones como la de El Quijote de Carlos III o una reciente sobre el poeta Checoslovaco Vladimir Holan.
A esto se suma la nueva biblioteca, que nada tiene que ver con la central que ya hay en la sede de la calle Libreros. Ése es sólo un depósito en el que se encuentran los libros que después pueden viajar a otras sedes. La nueva biblioteca sí que podrá ser consultada y estará consagrada a la enseñanza del castellano como lengua extranjera y tendrá “todos los fondos necesarios”.
Entre las novedades que prepara el Cervantes para este año que viene está que se la fachada posteriro del edificio de Libreros 23, que da a Vía Complutense, pasará a ser la fachada principal. Esto sucede a raíz de unas obras que le Ayuntamiento hace en el vecino aparcamiento de San Lucas. La liberación de espacio propiciará más infraestructuras al Cervantes.
El director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, recibió el lunes las llaves del edificio de las Cariátides, ubicado en la esquina de la calle de Alcalá con la de Barquillo, al que esta institución trasladará su sede central en los próximos meses.. Ha sido cedido por el Ayuntamiento de Madrid a Patrimonio del Estado, a cambio del Palacio de Telecomunicaciones, donde el consistorio madrileño prevé instalar su sede central. La futura sede del Cervantes cuenta con una superficie de 15.234 metros cuadrados.

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