viernes, 7 de abril de 2006

Alcalá, de la torrija al penitente

La ciudad ha hecho de su Semana Santa un reclamo turístico con sabor propio
 
La Semana Santa hunde sus raíces en el siglo XVI, pero sólo se convirtió en un reclamo turístico la década pasada. El desarraigo de un crecimiento desproporcionado con el desarrollismo de los años sesenta terminó hizo perder identidad a la ciudad. Pero al final la diversidad cultural de la ciudad se ha aliado para dar una Semana Santa a la ciudad con sabores que nunca tuvo. Convertir todo eso en un producto vendible fuera ha sido una obligación para todos los concejales de Turismo que ha tenido la ciudad desde 1996. 
“La Semana Santa como producto turístico existe desde que Alcalá tomó conciencia de que era un destino cultural en potencia”, resumen en la Concejalía de Turismo. Hizo falta primero que la ciudad se involucrase, porque la capacidad de un Ayuntamiento para edulcorar una tradición es limitada. Y precisamente con el dulce empezó todo, cuando en 1997 se pide a los pasteleros que ofrezcan dulces relacionados con la Semana Santa. Fue fácil convencerles, “en realidad muchas veces lo único que hace falta es proponer cosas”, recuerda un técnico que vivió aquellos años. Hizo falta, no obstante varias tentativas. Al final el eureka sonó de la mano de un cono de barquillo cubierto de chocolate semejante a un capuchón, relleno de almendra garrapiñada, esencia complutense: se inventó aquí y lo llamaron penitente.
El dulce pronto se convirtió en algo más, y en 2004 se empezó a hablar de “efecto penitente en Alcalá”: el delicioso capuchón llegó a los informativos de Telemadrid y se hizo un hueco en la capital. Los resultados fueron los esperados. En 2005 hubo un total de 300.000 visitantes aproximadamente, frente a los 175.000 de 2003, lo que supone un aumento del 71,4%.
La idea de los penitentes surgió, como recuerda del presidente de la Asociación de Pasteleros, a iniciativa de la Concejalía de Turismo. Pero detrás de ese repunte no sólo había chocolate y harina. Había presencia en Fitur, anuncios en medios de comunicación y la ambición, no siempre bien explicada, de ligar la celebración religiosa con el hecho cultural de Alcalá. Ahora los conciertos de Semana Santa son inseparables de la celebración, sacan a la gente en la calle y la implican con unos actos que seducen más allá del tradicional plano religioso.
Desde el Ayuntamiento siempre se ha querido separar la celebración religiosa con la puesta en valor turística del evento. Pero una cosa ha empujado a la otra.  El análisis de Marta Viñuelas, concejala de Turismo, es claro: “La Semana Santa se ha se ha asentado como una de las celebraciones populares más importantes y un elemento de singularidad complutense por la cantidad y belleza de sus pasos, pero también por sus gastronomía y su oferta turística”. 300.000 personas fue considerada una cifra muy demasiado abultada por muchos escépticos cuando Viñuelas la sacó a relucir hace un año. Pero conviene recordar que en 1982 a ver las procesiones podían acudir 2.000 personas en dos jornadas.
El sentimiento religioso, conviene reconocer, también ha ayudado yendo en aumento. Aunque siempre mucha actividad devota. Hace 20 años la Virgen de la Soledad tenía 550 cofrades. La mayoría de los pasos crecieron a la sombra de la inmigración interior. El Cristo de Medinaceli tenía en 1969 unos 130 cofrades, en 1975 ya contaba con 300, y en 1986 estaba ya en 430. Ahora supera los 1.600 cofrades.
El reclamo turístico está también en los propios fieles que siguen la procesión y en el marco donde se desarrolla, comprendido siempre como un factor decisivo frente a otros municipios de la comarca. Pero muchas veces el flechazo al turista puede venir con algo tan espontáneo como una saeta a la luz de las velas. La cercanía a Madrid ha sido considerada siempre un handicap, pero Marta Viñuelas ha tratado siempre de convencer a su equipo de lo contrario. “Sabemos que en Madrid hay 4 millones de personas, y no se van a poder ir fuera de vacaciones todas, así que sí nos anunciamos, si les regalamos dulces, si les ofrecemos algo distinto, pueden quedarse con Alcalá una buena parte de ellos”, explica una de las mentes pensantes de la Concejalía de Turismo.
¿Y cuál es el público de la Semana Santa de Alcalá a día de hoy? Fundamentalmente familias que no se van de viaje, que se quedan en Madrid durante las vacaciones pese a disponer de unos días. También vienen visitantes de fuera, especialmente de Castilla La Mancha. Entre los extranjeros, ganan los americanos y los alemanes. Un 6% del total tenía menos de 30 años, un 74% estaba entre los 30 y los 50 y el resto era mayor, explican en la Concejalía de Turismo.
 Todos vienen buscando algo parecido: ocio, cultura y novedades. Por eso se ha tratado de darles buena mesa, información en los puntos de consulta y, como ingrediente mágico, un regalo: “A la gente le encanta que le regales cosas”, y a los penitentes son a los que más novias les salen: 88.000 se llevaron el año pasado, un 10% más que en 2004. Todo ha cambiado, pero queda mucho por hacer tras haber conseguido un sabor propio: “La gente sigue comiendo torrijas, pero ahora también come penitentes, que es algo propio que hemos inventado aquí”.
 
Una ruta turística por la procesiones y más penitentes
 La principal novedad de la Semana Santa en materia turística será la denominada “Ruta de las Procesiones” que ofrecerá al visitante la posibilidad de recorrer, entre los días 10 y 14 y al menos dos horas antes de que salgan los pasos, el entorno monumental por el que transcurren las procesiones alcalaínas. Un experto en los recorridos procesionales acompañará a los visitantes desde el punto de partida, la Oficina de Turismo de la Plaza de Cervantes (Callejón de Santa María, s/n). El precio será de 6€euros para adultos y 4 euros€ para niños de entre 10 y 16 años. Para los menores de 10 años el recorrido será gratuito, según ha dicho el Ayuntamiento.
Según la concejala de Turismo, Marta Viñuelas, se trata de “visitas guiadas que ayudarán a comprender la Semana Santa complutense desde un punto de vista histórico-artístico. Será una novedad que, junto con la declaración de la Semana Santa como Fiesta de Interés Turístico Regional, hará de nuestra ciudad un destino aún más atractivo para el turismo”. Precisamente esta denominación fue otro de los revulsivos necesarios que recibió esta celebración en Alcalá en el año 2004. Fue el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, en un acuerdo del mes de abril de ese mismo año, cuando reconoció la singularidad de la Semana Santa de Alcalá. Es una de las pocas medallas que se puede colgar el Ayuntamiento en solitario: el logro nació de una propuesta de la Concejalía de Turismo a la Comunidad de Madrid. Con la mediación del Ayuntamiento se rubricó algo que, como se reconoce en los despachos, “se lo debemos a la implicación de muchos sectores, desde los pasteleros hasta las corales, pasando por las cofradías, que son las que tiran siempre del carro”. 
Este año las cofradías volverán a dar la talla. Y no faltará el puntiagudo capirote del penitente, que se rellena con elementos de una gran tradición alcalaína: una mezcla de crema pastelera y almendras garrapiñadas que se recubren con una deliciosa y crujiente cobertura de chocolate.

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