viernes, 5 de mayo de 2006

Calles. De la Tahona a Cervantes

Según la ciudad va pariendo calles, su Ayuntamiento se ocupa de bautizarlas. Se recurre a nombres ilustres –sobre todo oriundos de Alcalá– a ser posible muertos y reconocidos por el mundo de las artes y las letras. Hay algunos políticos, pero son los menos por las polémicas que desatan en uno u otro lado. En definitiva: hijos ilustres. Aunque los vecinos de cada calle no sepan por qué razón...
¿Qué hizo ese Juan de Austria? ¿De qué nos suena Andrés Saborit? La mayoría fueron descubiertos en el último cuarto del siglo XIX, cuando una vacilante España toma mayor conciencia de su pasado y regala avenida a los hijos pródigos. La historia se empezó a escribir y los nombres de calle de pueblo dejaron paso a los de personalidades. La primera fue la actual calle Cervantes, que se llama calle de la Tahona. Para seguir nombrando se tiró de la enciclopedia: de allí salieron Nebrija, Divino Vallés, Cisneros... Un goteo de nombres de oro escritos sobre muros sucios de cal. Vinieron tiempos convulsos, una República, una Guerra Civil, la Democracia de todos y sobre todo los nuevos barrios, Espartales y Ensanche, que se han propuesto rendir honores a los galardonados con el Cervantes.  
Este año la ciudad ganará dos calles, donde está la actual plaza de toros y tiene previsto ubicarse la nueva comisaría. La primera estará dedicada a Valentín Juara, un alcalaíno nacido en la calle Pescadería en 1917 que, por las vicisitudes de la historia, acabó muerto en el campo de concentración de Mauthausen. Aunque la familia recibió una nota de embajada alemana diciendo que había muerto “de manera heróica”, el primogénito de los Juara, una familia de raigambre en Alcalá, fue una incógnita para sus descendientes. Hasta que los colectivos de víctimas de campos de concentración sumaron su nombre a las listas oficiales de muertos por la barbarie nazi. Fue un golpe tremendo para la familia, que no había imaginado un destino más horrible para Valentín,  recordado con un efusivo cariño por los que le conocieron y viven todavía. Conservan una foto de él con una cariñosa frase: “A mi querida madre”, y está datada en la ciudad francesa de Bourg Saint durante su exilio. La última noticia vino de la mano de Valentín llegó con una llamada telefónica del grupo municipal de Izquierda Unida a casa de los Juara: “Su tío es un héroe y el Ayuntamiento le va a dar una calle”, le vinieron a decir. “Yo preferiría tenerle aquí conmigo y una calle no me lo va a devolver”, lamentaba hace días su sobrino, Rafael Juara, que no halla consuelo en una placa. 
El acuerdo fue ratificado por unanimidad en el pasado pleno municipal. Valentín Juara, soldado republicano, exiliado en Francia y muerto entre 7.000 españoles internados en Mauthausen, tendrá su calle.
 
escolapias, con calle. Los honores no son solos para héroes de guerra. Paula Montalt, fundadora de Escolapias, nació en 1799. Pero ha tenido que esperar a 2006 para que le concedan una calle en la ciudad en la que está un centro que celebró en 2004 su centenario. El colegio fue inaugurado oficialmente por las Escolapias el 17 de marzo de 1904. Su primer nombre fue Colegio del Sagrado Corazón, hasta que en 1970 se cambió por el actual de Colegio Calasanz.
El primer edificio fue el antiguo palacio Laurent situado en la calle Santiago y se compró por 40.000 pesetas a la familia Mendoza. Hoy es tal vez el centro más carismático de la ciudad. Como recuerdan en el centro “muchas generaciones de alcalaínas y alcalaínos y de las poblaciones cercanas han pasado por sus aulas”.
La calle Paula Montalt recordará la figura de una mujer que en 1829, todavía con Fernando VII, fundó su primera Escuela para niñas en Figueras. Estará junto a la del malogrado Valentín Juara.
Son los dos últimos bautismos en una ciudad sobria a la hora de dar nombre a sus avenidas. Escasean las mujeres y las personalidades vivas. Y quedan todavía algunos nombres tradicionales, pese la modernización de finales del XIX. La calle del Limonero se convirtió en Ramón y Cajal demasiado tarde, pero la figura de Divino Valles sirvió para que la calle Garrapata dejase de llamarse así. Solís desplazó a Medio Celemín y con el final del franquismo la calle del 18 de julio pasó a ser Pintor Picasso. “Es normal que ocurran estos cambios sobre todo cuando hay movimientos políticos”, recuerda el historiador local Vicente Sánchez Moltó, que tiene en su cabeza buena parte de la historia del callejero local.
La mudanza de denominación más conocida es la de la plaza de Cervantes, que en 1870 todavía se llamaba plaza del Mercado. Fue la época más intensa de cambios de nombres en las calles. Con la llegada de la II República, los cambios fueron menos de lo que mucha gente piensa: la plaza de las Bernardas se convirtió en la plaza de la Libertad y Escritorios pasó a ser la Avenida de la República. Más allá se fue en el caso de algunas ciudades, que cambiaron ellas mismas de nombre, recuerda Sánchez Moltó: “Ciudad Real se convirtió en Ciudad Libre, Alcázar de San Juan fue Alcázar de Cervantes y  Campo Real se hizo Campo Libre”.
Terminada la Guerra se pasó a las denominaciones tradicionales. Pero la calle Mayor fue generalísimo Franco y Giner de los Ríos fue Capitán Sánchez Segovia. Esteban Azaña volvió a su nombre original con la democracia tras haberlo perdido por culpa de ser el padre de Manuel Azaña. Y las Bernardas dejaron de llamarse José Antonio...
Entre los que perdieron su calle esta Estanislao Polonio, primer impresor de la Universidad de Alcalá, que cedió su sitio a Manuel Azaña, que en vida no quiso ninguna calle.
Y hubo otros que lo perdieron sin que ninguna personalidad se los quitase: Lucas del Campo y el Marqués de Ibarra fueron dos grandes diputados por Alcalá. La calle del primero pasó a llamarse calle del Tinte, como antes, y el segundo cedió su nombre al de Paseo de la Estación. La historia, la comodidad o la tradición no tuvo piedad con ellos...
 
A Tierno y a la Victoria no les quitaron su parque
La política muchas veces importa más que las zonas verdes. Por eso el parque Juan Pablo II no ha sido el último espacio polémico por su denominación, aunque en este caso influyó decisivamente que ya se había anunciado un nombre que venía al pelo: Parque de los Sentidos. Algo parecido ocurrió en los noventa, cuando el Parque de la Serna pasó a ser Tierno Galván,  lo que se interpretó como una jugada socialista pese al prestigio del viejo profesor, que ya había fallecido. Un malentendido similar ocurrió con la plaza de la Victoria, que alguna mente calenturienta de la izquierda interpretó como una alusión al desenlace de la Guerra Civil, “cuando está claro que se refiere a una orden religiosa del siglo XVII, cuando se crea el convento, y todo esto fue en 1979”. explica el historiador Vicente Sánchez Moltó. Además de los ciudadanos que no querían que su calle se llamase Juana la Loca, también ha habido comunidades de vecinos que han usado Bella Vista y Vista Bella para distinguir el nombre de la calle con el de la urbanización. Y otros que metieron un gol al Ayuntamiento proponiendo el nombre del constructor, Hernández Manteca, para nombrar una calle en la parte de atrás de Hacienda.
En la papelera han quedado algunas propuestas como la de IU de crear un parque Nelson Mandela cuando algunos socialistas muy significados sí han tenido calle, como Andrés Saborit o Simón García de Pedro. Si alguna regla de oro existe es la de no dar nombres de personas vivas, algo que no se hizo en el caso del ceramista Braulio Vivas, Lali, ya desaparecido.
 
Manuel Azaña no quiso calle, pero al final la tuvo
Eran los tiempos de la República y Alcalá quiso darle una calle al que entonces era su hijo vivo más ilustre: Manuel Azaña. El presidente de la República, tal vez por su especial carácter o por considerarlo mundano, rechazó en más de una ocasión recibir tal honor. Había nacido en Alcalá y estudió en el Colegio Complutense. Después de su muerte el 3 de Noviembre de 1940 (en Montauban, Francia, tras una larga enfermedad, y exiliado durante las postrimerías de la guerra) tuvo que esperar muchos años, con la llegada de la democracia a España, para ser reconocido. Victoria Aparicio, que fue la primera concejal mujer de la democracia –en la República– sigue esperando.
 
Juana la Loca, nadie la quería en su buzón
Muchas veces los políticos aprueban sin debate el nombre de una calle, y son luego los vecinos los que protestan cuando llega el momento de instalarse. Así le ocurrió a los vecinos de la calle Juana la Loca a principios de los ochenta. Al final se conformaron con lo que les vino el tiempo que les duró, pero no querían ese nombre en su dirección. Pero nada hubiese costado llamarla Juana de Castilla. Es de los pocos casos de calles con nombres feos, aunque en la región hay algunas que se llama Las panzas, Los Charcos o La Retamosa. En algunos casos los vecinos se han organizado en foros de Internet para protestar porque sus pisos nuevos estén en Cristo de la Salud o Nuestra Señora de Belvis.
 
Juan Pablo II quitó los sentidos al parque
n El Parque de los Sentidos era una de las grandes apuestas del PP en materia de Medio Ambiente. Rinde homenaje, en cada uno de sus espacios, a los cinco sentidos del ser humano. Por eso se llamaría el Parque de los Sentidos. Pero poco antes del esperado momento de presentarlo ocurrió la muerte del Papa Juan Pablo II. El alcalde de Alcalá vio la oportunidad de, con ciertos reflejos, aprovechar la coyuntura y rendir homenaje al fallecido pontífice. La medida ha sido muy criticada, especialmente por IU, que hubiese preferido el nombre anterior. Ha sido la última polémica municipal por el nombre que se da a un espacio público. Pero sin duda no será la última.
 
Nueva York prefiere los números
Alcalá es tal vez la ciudad de España que tiene una calle para cada capital de provincia, cada ciudad importante o no tan notable, cada río de la península ibérica y hasta para cada flor.  En otros países no se complican tanto: Nueva York, como tantas ciudades americanas, tiene un trazado ortogonal en el que calles y avenidas se combinan remitiendo a la gente a lugares como “el cruce de la cuarta con la quinta”. En Alcalá la nomenclatura depende de  Cultura y precisa el respaldo del pleno, previo informe de las razones de tal o cual nombre. Leganés dio un parque a la banda the heavy AC/DC. Pero hay cosas más raras: un distrito de Filipinas ha puesto nombres sólo de Boy Scouts famosos. La calle Svetogorska de Belgrado tiene el récord de cambios de nombre: seis veces desde 1872. Quien si necesita un cambio es San Petersburgo, que aún mantiene algunas calles con los nombres en francés. Así les gustaba a los zares...

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