jueves, 24 de septiembre de 2009

Cómo la cárcel hizo ‘zen’ a Mario Conde

Todo lo que puede aprender un banquero en prisión queda resumido en lo que le susurraron a Mario Conde desde el otro lado de la puerta de su celda de Alcalá Meco una noche de desesperación: "De aquí se sale". Su libro 'Memorias de un preso' cuenta esa historia y muchas más, aunque seguro que no cuenta lo suficiente.  
Mario Conde, ex presidente de Banesto y tal vez el recluso más famoso de Alcalá, presentó ayer 664 páginas de recuerdos presidiarios, desde las terribles navidades de 1993 hasta la vuelta a un talego mucho más familiar en 2002. Junto a él estaba su carcelero, Jesús Calvo, director de la prisión durante aquellos años hasta ser destituido precisamente por un presunto trato de favor al ex banquero en la concesión de permisos.
Esa extraña pareja da para más de una novela. Cuando Conde ingresó por primera vez en ese mundo lo llevaron ante su alcaide: "Siéntate, por favor..." le dijo Calvo, "sé quién es y quién ha sido Mario Conde, sólo te pido que lo sigas siendo... no puedo hacer nada: depende de ti". Así quedó sellada una relación leal y al mismo tiempo controvertida de barrotes para afuera.
Si alguien se preguntaba dónde se hace zen un banquero ya tiene la respuesta: en la celda. Allí colgó Conde un cartel, decía Acostúmbrate a lo inevitable y llévate bien con lo insoportable. A lo inevitable lo ha llamado siempre Conde "el Sistema". El periodista Luis María Anson, que acompañaba también a Conde ayer, lo resumió de otra manera: "En 1993 Mario Conde era el líder social de España... pero el banquero se dejó querer [en política], y esa pirueta fue su error".
El Conde que conoció Jesús Calvo es bien distinto de ese líder, al menos en sus circunstancia. Lo recuerda "mal afeitado, mal peinado, con el chandal de colores mal planchado y dando vueltas por culpa de sus penas". Hoy lo ve como "un viejo rockero que no quiere morir", y al que la cárcel no le quitó la capacidad de soñar. "Resistiré, Jesús", le dijo cuando se vio entre rejas por tercera vez. Cree Jesús Calvo que "se adaptó a la cárcel y la venció", seguramente porque se adaptó sólo a la parte "que no quebrantaba su dignidad". "Fui un preso ejemplar", clamó con un extraño orgullo Mario Conde. En primera fila, su hija Alejandra asentía cuando Calvo desgranaba las virtudes del recluso Conde: "educado, respetuoso, servicial..."
Tanto se alabó al preso Conde, demasiado, que el homenajeado confesó en broma tener miedo de ser enviado de nuevo a la cárcel por haberlo hecho tan bien. Un salón abarrotado por doscientas personas entre familiares, amigos, cronistas de lo rosa y encorbatados fascinados por su aura rieron todas las gracias que soltó micrófono en mano. Tal vez fue por culpa de la política por lo que El Sistema "escabechó" a un banquero, usando los términos de Luis María Anson. Pero así ha sobrevenido un monologuista brillante pero sediento de abrazos. En Alcalá "trabajé como preso" porque su única obligación era "superar las pruebas". Su victoria: no haberse muerto. "El mundo penitenciario no juzga nunca", rumió el sabio Jesús Calvo. Tal vez así se hizo el gran momento de Mario Conde.

No hay comentarios: