miércoles, 23 de septiembre de 2009

“Yo ya soy un hombre muy difícil de sorprender. ¡Ups, un coche azul!”



Yogi Berra siempre llegaba tarde a las entrevistas. Jugó la mayor parte de su carrera con los New York Yankees, casi siempre de catcher. Un día, en lugar de retrasarse media hora se demoró sólo cinco minutos: "Creo que es la primera vez que llego tarde tan temprano", dijo a los reporteros, que ya estaban acostumbrados a sus frases legendarias del estilo "siempre pensé que ese récord seguiría hasta que alguien lo quiebre" o hondas reflexiones como "si la gente no quiere venir al estadio, nadie va a detenerla". Todavía vive, pero nadie sabe a ciencia cierta si le falta un verano o es él el que toma el pelo al personal: "Júntense de en dos, en tríos", pidió a la concurrencia una vez. Y algunas rozan el surrealismo, como cuando un camarero en una pizzería le preguntó en cuántos trozos quería que se la cortase: "Córtela en cuatro, no creo que pueda comer ocho"
Yo he oído a concejales decir "perdonen las disculpas" y una vez tras lograr aparcar, mi compañero Fernando Villar, el fotógrafo filósofo, resopló: "A caballo regalado: Gracias". Qué pena no conservar viejos recados en el contestador automático, que tras una larga parrafada concluyen: "...bueno, y si no escuchas este mensaje llámame cuando puedas, pero cuanto antes". Una corresponsal inglesa en España me habló de lo quemada que estaba en su trabajo: "¡No puedo estar en Barcelona y en Osasuna al mismo tiempo!". Y una lituana de 1,80 me intentó impresionar con su español en un SMS: "Estoy en el trabajo. Luego, en cuanto esté salida voy a verte".
El lenguaje nos viene grande. Por eso los mozos de espadas felicitan a sus novilleros: "Hemos trunfiado". Pero muchas veces sencillamente no damos para más porque desde que éramos un féretro en el vientre de nuestra madre quisimos nadar en la ambulancia. Nos levantamos un poco francamente y punto, vamos al gimnasio para ver si nos quedamos hechos una sífilis: esto es, con un tipo muy esterilizado. Mucho lenguaje, y la vida es corta: lo sabe Yogi Berra. Cuando su esposa le preguntó dónde quería ser enterrado, dijo: "¡Sorpréndeme!"

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