miércoles, 7 de octubre de 2009

Buena mezcla

Como tenía barriga –ahora menos–  decíamos que se comía a los niños. Fue un buenazo en los tiempos en los que los maestros eran unas veces profe y otras veces don. Enseñaba Química y nos fotocopió una tabla periódica con elementos inventados: Senón, Ratón y compañía. Juanjo nos llevó de viaje de fin de curso pese a que teníamos todas las trazas de hacer que se arrepintiese. Escribía poesía, y no sé si todavía lo hace: "Despiertan al hombre de su sopor / acompasados tambores de guerra / blancas palomas remonten la tierra / si aún es posible un mañana mejor". No soy Jorge Herralde ni Carmen Bacells, pero puedo permitirme ser su editor por un día, el descubridor de Juanjo Martín igual que lo fui hace años como alumno.
Lo bueno y lo malo de los profesores es que se jubilan. La docencia es una experiencia que choca con nuestra propia biología: normalmente llegamos a la pubertad con instinto y salimos con experiencia y lo que nos falta en cada momento de una destreza lo suple la otra. El profesor llega imberbe y pardillo, o pardilla, a un mundo de niños y adolescentes profesionales que lo son las 24 horas. Ésa es la escuela que endurece, la escuela en la que enseñas, porque del cole donde aprendimos hemos salido cada uno de una manera pese a que entramos muy parecidos. Los profesores, al revés, entran en el oficio cada uno con las alas de un color, y salen jubilados con el mismo caparazón amoroso y estoico de la experiencia.  Tengo la sensación de que los padres deshacen por la tarde lo que los profesores hacen por el día. Mientras, los niños son los árboles que no dejan ver el bosque, pero los maestros son las puertas del campo. Los mamíferos cuidan de sus crías, sí: pero el profesor se hace mayor y los críos de enfrente tienen siempre la misma edad y cada vez peores padres y modales más montaraces.
Tengo miedo de que un día mis ex profesores, que ahora se están jubilando, se pregunten si tanto repetirse año a año les ha merecido la pena. Pasaron fugaces, pero se nos han quedado  dentro. Buena mezcla. 

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