viernes, 13 de noviembre de 2009

El ‘truco’ de San Diego

Sabemos que San Diego era un franciscano que hizo muchos milagros. Murió en Alcalá el 12 de noviembre de 1463 y los cronistan dicen se le conocía por su "humildad, caridad, milagros, penitencia y contemplación". Pero lo que en realidad ha lanzado a la fama a San Diego es el mostrarse al público su cadáver, que se encuentra muy bien conservado para tener medio milenio.
San Diego siempre atrae a multitudes hasta la Catedral-Magistral y este año no iba a ser diferente. Durante la mañana y desde primera hora de la tarde ya había cola para ver los restos incorruptos del beato milagrero. Peticiones de todo tipo eran expresadas ante la urna de plata en la que yace el santo: desde deseos porque el parto de una hija llegue a buen puerto, como rogó Soledad Pedraza, hasta el más generalizado sentimiento de "salud para mí y para los míos". La curiosidad también hizo mella en la juventud, con varios grupos de jóvenes viendo, quizá por primera vez, y no sin sorpresa, los restos de Fray Diego de San Nicolás, que recibe este nombre porque nació en el seno de una familia pobre, en San Nicolás del Puerto, Sevilla.
Se le atribuyen muchos milagros a lo largo de su vida. Fue de peregrino a Roma con ocasión del jubileo del 1450 y de la canonización de Bernardino de Siena ese año. Justo entonces una epidemia azotó la ciudad. San Diego sirvió de enfermero de convento y, según cuentan, muchos se sanaron milagrosamente.
Otro milagro fue la curación de un niño que se había quedado dormido dentro de un horno, el cual, al ser encendido, le causó graves quemaduras.
De regreso en España, lo asignaron al convento de Santa María de Jesús en Alcalá en 1456. Allí  ejerció como portero y jardinero por siete años, hasta su muerte el 12 de Noviembre de 1463. No había agotado su reserva de milagros, pues cuentan las crónicas que "la infección de su cuerpo emitía una milagrosa fragancia". Su cuerpo no sufrió rigor mortis y continuó exudando fragancia.
Al parecer existe un informe del departamento de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid en el que se detalla que el cuerpo incorrupto de San Diego es "inerte e inocuo": limpieza máxima y ausencia de bacterias. Y eso que la urna en la que se encuentra no está cerrada hermeticamente. Los científicos han examinado sus restos y admiten que no es habitual.
Aquí empieza la leyenda de San Diego, que vivió entre los mas humildes pero muerto fue visitado por los mas poderosos.  Enrique IV de Castilla vino a pedirle la curación de Beltraneja. Y Felipe II llevó el cuerpo de San Diego al palacio para pedirle la curación de su hijo, que se había accidentado. La curación del príncipe Carlos selló para siempre la leyenda, hoy mezclada con curiosidad y tradición.

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