viernes, 6 de noviembre de 2009

Las bicis no son sólo para el verano




El paraíso de la bici está en la fría Copenhague. Un tercio de la población se mueve en ella a diario. Los carriles bici llevan en marcha desde hace 30 años. Cada bici es un coche menos: así no hay atascos


La ciudad de las bicicletas, donde casi la mitad de la población se mueve pedaleando sobre dos ruedas, no es un lugar soleado. Tiene alguna cuesta más que Alcalá, pero sobre todo un viento frío que deja los termómetros en cinco grados mientras en España sigue el verano. En Copenhague, la ciudad donde la mayoría deja el coche en casa para moverse de una manera más sana y eficaz, el tiempo casi nunca acompaña, pero sí todo lo demás.
La lluvia, habitual desde octubre, tampoco ayuda mucho pero hace tres décadas las autoridades locales se propusieron apostar por el transporte en bici y hoy recogen los frutos. Es la sexta ciudad con más alta calidad de vida en el mundo y al mismo tiempo es donde la política de incentivo del uso de la bicicleta ha calado más hondo. En Dinamarca prácticamente todo el mundo tiene una bici, y durante muchos años de su capital ha sido conocida como “la ciudad de las bicicletas". Mientras prepara la cumbre mundial sobre el clima de diciembre, la ciudad de Copenhague planea duplicar su gasto en infraestructura en bicicleta en los próximos tres años. El premio salta a la vista: menos humos y menos atascos, si llegas tarde a trabajar es mejor que te busques una excusa que no sea ni el embotellamiento ni el aparcamiento.
“Fue lo que más me sorprendió de aquella ciudad: no hay atascos de coches, sino en todo caso colas de bicis en los semáforos”, recuerda Antonio Pérez, habitual usuario de la bici en Alcalá que pasó medio año estudiando con una beca Erasmus en la capital danesa en 2003. En la actualidad el 32% de los vecinos de Copenhague van en bicicleta al trabajo y el 50% dice que va en bicicleta porque es rápido y fácil. Los carriles-bici de la ciudad suponen 350 kilómetros de vías amplias y perfectamente señalizadas, a menudo separadas de las vías principales de tráfico y con sus propios sistemas de señales. Hay madres y padres conduciendo sus bicis con carritos incorporados, desde ahí los niños asoman lo justo para ver la ciudad pasar. Hay bicicletas con remolque, con sillita y hasta con cesta especial para el perro.
¿Estamos en otro planeta? Es sólo otra manera de pensar. A los daneses les gusta explicar que para ellos la bici es como la aspiradora: todo el mundo tiene una y, claro, la usa. No le saca brillo los fines de semana ni la exhibe ante los amigos: es sólo una herramienta, pero una herramienta que se usa mucho. En Copenhague viven más de dos millones de personas, es una ciudad plenamente desarrollada, con centro histórico, focos comerciales y barrios residenciales alrededor. La imagen que uno tiene de hora punta es la de una cola interminable de coches marchando lentamente y separados por unos pocos centímetros. Pero en Copenhague es una historia completamente distinta: bicicletas y coches cruzan de un lado a otro y logran aparcar en el centro casi sin dificultad. La clave es que muchas veces por cada bicicleta que hay por la calle hay un coche menos, un cálculo que en España recuerda a una de las proclamas del movimiento BiciCrítica pero que en Copenhague es un hecho consumado. “Con la bici me libro del problema del aparcamiento”, explica Ida Anderson, de 20 años, mientras ata su bici junto a un bar del centro de la capital danesa. A Cristina Dela, de 32, la experiencia le ha enseñado que es “la mejor manera de moverse por la ciudad”.
¿Cómo se logra que la gente escoja la bicicleta frente al coche? Con el paso del tiempo, los vecinos de la capital danesa se han convencido de que casi siempre tomar la bici es la mejor opción. La rapidez es un factor clave a tener en cuenta: a la hora de planificar los viales se intenta que las bicicletas consuman el menor tiempo posible para ir del punto A al B... pero al mismo tiempo se limita la velocidad del coche, así que la bici gana siempre aunque sea con trampas. Los semáforos no tienen un ritmo amoldado al automóvil sino a la bici: de este modo son los ciclistas los que se pueden mover casi sin pillar ninguna luz roja. Cuando lo hacen, la zona en la que se han de parar está unos metros por delante de la de los coches. Y además para ellos se pone verde 12 segundos antes que para los vehículos: así se aumenta su visibilidad.
seguros o cómodos. Hay estímulos más difíciles de ponderar. El Ayuntamiento se dio cuenta desde un principio de que tenía que convertir la experiencia de ir en bici en algo placentero. De ahí los viales anchos en muchas partes y los carriles bici separados del tráfico mecánico en algunas partes de la ciudad. Tan importante como la seguridad es la sensación de seguridad, explican en los expertos. Ahí es clave el carril bici, porque provoca una sensación distinta. Antonio Pérez, que tras el paraíso danés tuvo que regresar a la dura realidad del trazado complutense, resume con dos palabras la situación del ciclista alcalaíno: “Mucho peligro”. Partiendo de la base de que hasta ahora no ha habido carril bici “te ves forzado a ir por pegado a la derecha, con coches aparcados en batería que pueden salir en cualquier momento”. Las trampas no acaban ahí: “Hay que esquivar continuamente rebajes de alcantarillas que te obligan a moverte hacia la izquierda de manera imprevista para los coches”. Al ciclista hay que fidelizarlo, no puede salir escaldado de tomar la bicicleta. En Copenhague, por ejemplo, no es obligatorio llevar casco para ir en bici, algo que llama la atención porque con frecuencia las bicicletas llevan todo tipo de complementos. Y la razón es que se han ponderado los beneficios que tendría para la seguridad pero también a cuántos desanimaría a la hora de tomar la bicicleta para moverse.
En Alcalá, sin cuestas y con días soleados, no quedan más obstáculos que los del planeamiento y la costumbre.


Los robos. Civismo, cerrojos y policía

Parece una obviedad, pero cuando más bicis hay aparcadas más difícil es que te roben la tuya. En Copenhague hay aparcamientos inmensos con cientos de bicicletas, aunque también ocurren robos. Muchas bicis vienen de fábrica con un cierre extra para la rueda de atrás, que queda bloqueada, más el clásico candado que las amarra a cualquier farola. "Una de las cosas que desaniman en Alcalá es que sabes que si dejas la bicicleta junto a la estación y te vas a trabajar te puedes encontrar con que te la han robado", explica Antonio Pérez, ciclista habitual. El Copenhage la policía está pendiente de los robos y los investiga igual que si fueran sustracciones de coches. 

El clima. Bonita bici, bonito abrigo, bonito gorro
Una de las cosas más sorprendentes de Copenhague es que es una ciudad muy fría y bastante lluviosa. Pero eso no detiene a nadie: se ve madres pedaleando con sus hijos en el remolque cuesta arriba frunciendo el ceño mientras la lluvia les resbala poco a poco por el gorro. En España este capítulo se solverntaría cogiendo el coche o el autobús sin pensarlo. Pero la cultura de la bicicleta ha creado también una moda muy peculiar en Dinamarca: las chaquetas oscuras con solapas grandes, los gorros multicolores y los pantalones elegantes pero al mismo tiempo de material fácil de lavar. Haya hay un blog que se ha hecho famoso sacando guapos y guapas en bici: www.copenhagencyclechic.com

Los accidentes. Nadie quiere a los radicales
Incluso en países como Reino Unido, en los que la cultura de la bicicleta está más asentada, se considera de alguna manera un gesto rebelde. En Dinamarca  expertos como Mikael Colville-Andersen rechazan en su blog los movimientos radicales que tienden a inundar súbitamente una calle de ciclistas o las tribus urbanas que marchan por la acera y se saltan semáforos: "Todas esas actitudes no sirven para convencer a los conductores para que se pasen a la bicicleta". razona en una entrevista con The Independent. La seguridad es importante, y de hecho Copenhague tiene menos accidentes al año (cinco de ellos mortales en 2008) que ciudades como Dublín, con un 80% menos de tráfico en bici.

"Es gratis, fácil de aparcar y más rápido para moverte"
Copenhague se prepara acoger en diciembre la cumbre mundiar sobre el clima. Viendo sus bajas emisiones, la limpieza de sus calles y cómo lucen desde lo alto del avión los molinos que han plantado en el mar junto a la costa cualquiera diría que su afición por la bici nace de un profundo sentimiento ecologista. Si este existe, no sale a relucir tan facilmente. De la decena de daneses que han sido entrevistados para este reportaje, sólo uno dos mencionaron motivos medioambientales para usar la bici. La respuesta más repetida incluye la palabra "comodidad", algo que rara vez se pronuncia en España junto a la palabra bicicleta: "Es fácil de aparcar y te mueves mejor por la ciudad", explica Marie Albaectstesen, de 24 años. Su compañero, Tim Paine tiene 25 y pedalea cada día "porque es gratis, no me cuesta nada y puedo llegar a donde yo quiero". Lo cierto es que cuando se le pregunta a un danés por qué razón utiliza tanto la bicicleta muchas veces lo tiene que pensar. Elisabeth Colding Silversten la ha usado toda su vida, y ahora la utiliza para llevar a su hijo pequeño: "No es cool no deja de ser molón, es simplemente una herramienta... siempre ha sido así y no lo recuerdo de otro modo". A los contras se le pone solución, "para los choques hay casos, y para que no te la roben tienes candados, es sencillo". Mette Poulsen, de 20 años, no llega tarde nunca. Con la bicicleta sabe exactamente cuanto va a tardar en llegar a su cita: "Es mucho más fácil moverse por Copenhague en bicicleta", relata enfundada en sus ropas de abrigo.  Pero como el desarrollo siempre lleva las cosas a los extremos en Copenhague está empezando a haber atascos.... ¡de bicicletas! El espectáculo está servido, sobre todo desde el momento en el que los turistas empiezan a considerar pedalear en la lluvia danesa una experiencia indispensable.

Devuelve esta bici cuando quieras
¿Sin bici en Copenhague? No hay problema. La ciudad proporciona bicicletas públicas que se pueden encontrar en toda la zona centro de la ciudad y se utiliza con un depósito reembolsable de 20 coronas (poco más de dos euros y medio), se reembolsará el dinero cuando se devuelve la bicicleta a uno de los muchos bastidores: exactamente igual que hacemos aquí con los carros de la compra al ir al supermercado. Este sistema, llamado Bycyklen, fue introducido de manera pionera en 1995 y lo han copiado ciudades como Barcelona o Pekín. Para rizar el rizo, la ciudad ha organizado un concurso de ideas para mejorar este sistema. Tiene que ser atractivo para los visitantes y útil para todos los vecinos, bonito y robusto al mismo tiempo que integrado en la ciudad.
"Cuando estudiaba en la Escuela de Ingeniería de Copenhague vivía lejos del centro, así que no me compré ninguna bici, y eso que se podían adquirir a buen precio", relata Antonio Pérez, de 31 años. No le hacía falta, porque hay bicis disponibles por toda la ciudad, situadas en puntos estratégicos. "Me llamó la atención lo preparados que estaban para el transporte combinado: hay aparcamientos para bicis junto a las estaciones claves de transporte público".
Alcalá ha puesto en marcha un sistema de préstamo de bicis inspirado en este modelo, aunque no te las encuentras amarradas por toda la ciudad y hace falta estar registrado. Para Antonio Pérez la receta va más allá: "Hace falta un carril bici y zonas protegidas y otras donde haya un espacio para los peatones y otro para las bicis pero también vigilarse el robo de bicicletas..."









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