jueves, 5 de noviembre de 2009

Muros a la libertad, ‘passwords’ a Internet

Imposible hallar dónde apareció la palabra globalización por primera vez. The Economist se atribuye parte del mérito y recuerda que la usó antes de 1986, aunque no se utilizó habitualmente hasta después de 1990. Hoy caben muchas cosas dentro de ese término: internet, la emigración, las guerras preventivas y hasta el amor y el sexo se han vuelto globales. Hablar de globalización muchas veces es encogerse de hombros: significa más un “esto ya no es como antes” que un “esto ahora será de este modo”. La caída del muro de Berlín disparó el proceso, o tal vez fue resultado de los primeros movimientos del mismo. Muchos pensaban que el bloque comunista no tenía posibilidades de vencer a lo que los anglosajones llaman the West. Pero ni siquiera ellos fueron capaces de adivinar 20 años atrás tal día como hoy que en pocas horas, el 9 de noviembre, caería el muro. “La incredulidad se ha convertido en alegría”, relataba un corresponsal extranjero que vio las piezas del muro caer en primera fila. Ése fue el verdadero milagro alemán, el que hizo que desconocidos se abrazaran llorando en medio de la calle. Fue la gente la que venció al muro, igual que ahora la gente vence a las leyes del copyright, al monopolio de la información por parte de los medios y a las alambradas legales que se intentan poner a las redes sociales.

Muchos habían saltado el muro. Pero esta vez las autoridades dejaron que la gente lo rompiese a pedazos precisamente para evitar que se largasen para siempre. Hungría había abierto su frontera, así que la hemorragia de ciudadanos cualificados de todo el Este era incontenible. Abramos las puertas antes de que se vayan para siempre por las ventanas, debió de pensar el líder de la RDA, Egon Krenz. En los últimos años, los lectores han abrazado los contenidos gratuitos tanto en papel como en la web y los periódicos han decidido ponerlo todo gratis: que se lo lleven, pero que se lleven lo nuestro antes que lo del otro. 20 años después, del Comunismo sólo queda la raspa. Esperamos aún el nuevo orden informativo, y todos rebañarán lo que quede del viejo.

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