miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sardinas


Anda la ciudad juntando trozos de un sueño que se llama carril bici. Suena mejor de lo que es: parece que se acabará la contaminación y todos se escucharán los unos a los otros. Sólo sirve para que los que se mueven pedaleando vayan más cómodos y se sientan más seguro. Pero si más gente se pasa a este sistema nos habremos quitado unos cuantos coches de más: buenas noticias para los conductores también, que irán más anchos. ¿Respirar mejor? Mucho tienen que cambiar las cosas para que lo notemos. Pero eso sí, quien mueve las piernas mueve el corazón. No sólo los pulmones cuentan.
Hablo de juntar trozos porque el carril bici aparece a cachos, sin cintas inaugurales de ésas que les gustan tanto a los alcaldes. Nadie te irá a buscar y te dirá: por aquí. No se puede culpar al Ayuntamiento de si la gente lo usa o si uno se choca o el otro se cae. La vida es dura, en Europa hace frío en invierno, los coches son peligrosos para todo el mundo y en las cuestas hay que hacer más fuerza. Si alguno no puede afrontarlo, que vuelva al útero de su mamá.
Los españoles hemos desarrollado una cierta tendencia a ahogarnos en un vaso de agua: imposible irse de casa, qué rollo es leer los subtítulos, qué peligrosa es la bicicleta, nos moriremos si no nos dejan fumar, qué caro es todo en el extranjero, aquí no vamos a caber tantos, para qué intentarlo si no va a servir de nada, que me den el dinero a mi que me hace más falta, como llueva nos vamos a mojar... No puede ser. Habrá que probar y después contarlo. Al carril bici se le pueden enmendar los errores, pero no se le puede pedir un trazado ideal que no existe ni en ciudades que llevan 30 años implantando estas ciclovías. El problema no es el carril bici, sino el uso que se haga de él.
Mi recomendación es que anden. ¡Caminen! Porque es más peligrosa la arterioesclerosis que los atropellos. Si además se atreven a pedalear se convertirán en algo exótico. Pero si un día se mojan o se dan una galleta no vayan al pedir cuentas al capitán de las sardinas. El mundo estaba así cuando llegamos.

No hay comentarios: