viernes, 18 de diciembre de 2009

Cervantes, Lorca y el misterio

Pocos misterios condimentan mejor una leyenda que los relativos a la
muerte. Federico García Lorca, nuestro poeta más universal es tal vez
la víctima más conocida de la Guerra Civil y estos días la
investigación está centrada en el paradero de sus huesos. Cervantes
dejó también algunas incógnitas al morir, y los estudiosos contienen
la respiración estos días cuando se abre una cápsula del tiempo que
data del siglo XIX: no podía haber gran cosa, pero estamos sedientos
de novedades. Desgraciadamente se trata de fogonazos que no tienen
continuidad durante el resto del año: la figura de Lorca y la de
Cervantes jamás son vaciadas de contenido fuera de España pero sí en
cambio dentro de nuestro país. Se usa al escritor andaluz como icono
gay, se reduce su figura a la de rojo muerto por culpa del fascismo
español y se habla de él sin mostrar aprecio por su poesía. También se
utiliza el nombre de Cervantes para llenar conceptos vacíos: todo
puede ser cervantino por muy cortas que tenga las alas la idea. La
propia difusión del idioma en el extranjero es tomada con más
entusiasmo fuera de las fronteras que dentro. Los nombres de literatos
ilustres deben servir para ser estandarte para dar a conocer el idioma
y la cultura, no para adornar lo poco que se hace. Pero lo bueno de
los cadáveres literarios es que son maleables y no se quejan. Así nos
valen para todo.

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