jueves, 3 de diciembre de 2009

Citar no es robar, pero se roba mucho citando

Este mes compraremos más que en ningún otro momento del año. Pero este año se ha hablado de lo gratis –y de robar– más que de costumbre. La crisis está diezmando los ingresos de los medios de comunicación, menos interesados que nunca atraer a más internautas y más dispuestos a conseguir dinero como sea: aunque sea poco y por poco tiempo. El invierno económico también afecta a los creadores, que ven cómo venden menos que nunca y cómo sus seguidores son cada vez más ladrones: se lo bajan todo. Y en estas pasaba Google por allí, que es como las páginas amarillas de nuestra infancia, y le acusan de robar noticias que a otros les cuesta sudor y tinta sacar. El oficio de ladrón estuvo respetado en muchos países árabes durante mucho tiempo. Pero hoy en día es un insulto en toda regla. El gigante de las vocales repetidas ha respondido que son los editores los que necesitan explorar nuevas formas de hacer dinero a partir de las noticias en internet, incluido el tradicional modelo basado en publicidad. Pero también es hora de cobrar por el acceso a contenido a través de suscripciones. Así lo ve alguien relativamente fuera de ese negocio como es Eric Schmidt, cabecilla de Google que escribió un artículo de opinión en el diario Wall Street Journal.

Ojo a la viga  en el ojo ajeno: "Con decadentes ingresos y menos recursos, los frustrados ejecutivos de los diarios buscan a alguien a quien culpar". Sí, gran parte del enojo actualmente es dirigido a Google porque  para muchos ejecutivos se está quedando con todos los beneficios de la relación de negocios sin dar mucho a cambio. "Los hechos, creo, sugieren lo contrario", agregó Schmidt. Es verdad: los ingresos de Google por las publicidades que salen junto a los artículos representan el chocolate del loro. Tal vez por eso Google anunció un cambio a su tecnología que permitiría a los que cobran por las ediciones digitales limitar el número de veces que los usuarios de internet pueden acceder a versiones gratuitas de artículos mediante búsquedas en Google. Se trata, otra vez, de no perder al usuario.

Peligro, comisión a la vista.
El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, defiende que administrativamente se puedan cerrar webs de descargas ilegales, ya que también se clausuran las páginas de Internet que enseñan "cómo se hacen bombas". Por otro lado, Zapatero garantiza que no se va a cerrar nada en Internet: "Ninguna página web, ni ningún blog". El Gobierno quiere crear una Comisión de Propiedad Intelectual, que sería la encargada de determinar si se vulneran los derechos de autor en la red y de proponer medidas sancionadoras. Pero la última palabra la tendría un juez. ¿Alguien ha pensado el trabajo que puede suponer ser poli de internet?


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