miércoles, 2 de diciembre de 2009

Descentrados


Chinos no, bolardos tampoco. Queremos que la calle Mayor sea... ¡la milla de oro! No sean modestos: Times Square se nos quedaría pequeño. Al fin y al cabo, el Príncipe de los Ingenios vivió a pocos metros de las cáscaras de gamba vigentes casi hasta que dejó de hacerse caca encima. Por ello todavía nos chorrea la cultura: claro que sólo nos la quitamos para ducharnos y para pensar. Milla de Oro, sí señor, pero en esa esquina de esa calle el uno no vendía Diario de Alcalá porque guarda la ojeriza en un tupper a falta de nuevos debates. El otro persiguió al anterior alcalde, Manuel Peinado, acusándole de hechos probados como ser de Granada. A tu puta ciudad, Manolo, le venían a decir con altavoces de estreno para la ocasión. Llévate a estos cuando te largues –pensaba yo– espachurrados en el parabrisas como los mosquitos de Bee Movie.
Estábamos tan ricamente poniendo carteles de wanted a cualquiera que ose cuestionar el derecho a aparcar –en el vientre de la ballena, rozando con el parachoques las pestañas de Justo y Pastor– peleando para que Bart pague las sillas y las mesas que antes ponía cocacola, abandonando piano piano el filibusterismo de los carteles chillones que infectan nuestra judería. Y entonces, cuando ya habíamos logrado que los de la cabra y el mendigo yonki que va vestido de abogado laboralista amenizaran el miserere local calle arriba calle abajo con su inventaco... llegaron los chinos. Los cines ya habían matado a la gallina de los huevos de oro atracando a los espectadores por el precio de las palomitas para pagar así la extorsión de las distribuidoras del Tío Sam. El todo a 100, que nos llegó a la vez que la Lambada, se está haciendo hueco en versión eurolita con ese toque castellano que nunca nos molesta. Resumiendo: se va todo al carajo. También la dignidad desde que culpamos al chino del ataque de cuernos que tiene el centro a manos de sansonas como La Garena. Aumentando el diámetro del calamar rebozado y expulsando otra vez a los moriscos no saldrá nadie del 'pulgatorio'. Pero dejemos al pueblo que se divierta.

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