miércoles, 30 de diciembre de 2009

El año del caralibro

No sé ya si salir por ahí tiene sentido estando el facebú, el feisbú, el caralibro, el face, el feis o como quieran llamar al engendro y a sus ilustres hermanos: el poligonero y libinidoso tuenti y el twitter, que es tan fino e intelectual como aquel que posteó como su estado actual "liberándome de lo superfluo" desde el water. Lo digo porque el euribor y la maldita crisis han dejado las calles vacías y los suelos de los bares huérfanos de cáscaras de mejillón. Las parejitas se quedan en casa con la mantita y el DVD o con alguna peli de ésas que son más ilegales que la heroína, pero mucho más baratas y dañinas para el cerebro.
Camino algunos días no del todo laborables por la calle Mayor y por un momento parece que estoy en Medinaceli o en el Burgo de Osma, escuchando el eco de mis pasos en plan Soy leyenda. Con lo tunos que hemos sido, se pilla a Alcalá en un renuncio fácilmente hoy en día. Pero cuando vuelves a casa y enciendes el ordenador te das cuenta de que seguimos siendo una pedazo de ciudad por la miríada de lucecitas verdes de online que hay en la pantalla: "Así que estábais aquí, malandrines".
Sí, estában ahí. Pero no dejan de estar en la calle por estar conectados: es al revés. Están conectados porque el ser humano a vuelto a casa, a la cueva, harto de los precios y el frío de la sabana. Cansado del cubata que no es canjeable por cópula, de la máquina que no da premio, de la puerta del baño que no cierra, del sitio donde no se aparca y de la calle que queda lejos.
Así que por la noche paso lista. Y si me encuentro con mi amigo Juanan por la calle le diré: cómo has estado, que no te he visto conectado. Si a un colega no le ves en persona en años no pasa nada, pero si te falta en el chat eso es desgracia o muerte segura. Alguien tendra que buscar razones nuevas para salir y que se nos mojen las escamas otra vez. En dique seco somos dioses mirando un mundo deshabitado.

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