sábado, 5 de diciembre de 2009

Guerra real por el ‘robo’ virtual

Imagine que compra un CD, lo trae a casa y lo deja en la librería del salón. Cada miembro de la familia lo coge y se graba una copia para escucharlo en su habitación, en el trabajo o camino al cole: igual que harían si escuchasen un vinilo todos juntos, pero separados. Ahora magine que, en vez de ponerlo en una estantería, descarga sus canciones en su ordenador y abre un programa mediante el cual millones de personas pueden entrar en cualquier terminal del mundo y grabarse gratis en su disco duro cualquier canción. Incluida la suya, adquirida legalmente.
La discusión sobre qué actitud debe tomar la ley ante las páginas que ofrecen contenidos ajenos gratis se centra precisamente en si el segundo ejemplo es equiparable al primero. La copia privada puede llegar ahora a más ojos que la pública, con lo que todo el sistema comercial creado en torno al cine y la música siente la amenaza de un cortocircuito. Si nadie paga, ¿quién compondrá?
"Políticos jódanse, yo uso P2P" y "Libertad cultural, ocupa la Red" fueron dos frases con las que 300 internautas manifestándose en Madrid pusieron colofón a una semana en la que el Gobierno se ha pillado los dedos tratando de proteger a la denominada "industria cultural".
El Gobierno aseguró ayer que va a cambiar la polémico proyecto de ley. Quiere abrir un debate para hallar una fórmula que garantice la protección de la propiedad intelectual y los derechos de los internautas. Algo que hoy parece la cuadratura del círculo.
La polémica sobre la disposición final del proyecto de ley de Economía Sostenible que establece los cortes de Internet y el cierre de las webs que tengan contenidos de descarga ilegal saltó este jueves por los aires, después de que Zapatero desautorizara la postura que la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, mantuvo por la mañana frente a los expertos en Internet. Anoche los internautas le gritaban: "Sinde, te queda un finde". De ser aprobada la ley, la temida comisión podría obligar a los operadores a identificar a los responsables de páginas que realicen actividades ilegales. Sería el caso de los sitios web de enlaces a contenidos no autorizados, los llamados piratas.
El miércoles la ministra dijo que crearía una comisión con poderes para cerrar sitios web y la Red se incendió. El jueves el ministro de Justicia puntualizó que sólo un juez podría hacerlo. Después Zapatero desautorizó a todos y vuelta a empezar. 

'guerra' global. Otros países han optado por perseguir a los usuarios de esos servicios. En los últimos años en EEUU se ha acusado a 18.000 internautas de este tipo de prácticas. Pocas demandas han acabado en juicio, y cuando lo han hecho se han convertido en un espectáculo mediático que ha hecho más conocida la página de descarga y ha animado a otros a crear más.
Los que critican los límites a internet creen que la clave está en cambiar el modelo de negocio y las vías de financiación. Desde la propia trinchera cultural, el dibujante Manel Fontdevila contestó ayer a los gurús con una viñeta en la que se dibujó a sí mismo diciendo: "Vale, en eso estamos de acuerdo... pero cabrones, podríais haber esperado a descargaros todo cuando las nuevas vías estén construídas ¿no?". Es la clave.
En los últimos años han surgido nuevas páginas para descargarse música legalmente pagando una cantidad más que razonable. Pero las descargas ilegales siguen siendo superiores a las legales. Aunque en algunas encuestas entre usuarios de páginas legales aparecen datos esperanzadores: la descarga legal sustituye a la ilegal. Incluso aparecen modelos de descarga legal y parcialmente gratuita: como Spotify, que se basa en la publicidad. Ofrece en streaming –sin descarga, se escucha directamente en la página– con un mínimo de publicidad. El usuario tiene la posibilidad de pagar una cuota anual por librarse de estas cuñas y al mismo tiempo usar la un programa de Spotify para su dispositivo móvil. De momento ha sido la propia industria la más eficaz en la lucha contra los piratas: gana la zanahoria al palo. Pero los estados no se dan por vencidos a la hora de luchar contra algo que no es justo: la copia constante, masiva y descontrolada de contenidos por parte de gente que no ofrece nada en contraprestación al esfuerzo que cuesta producir contenidos.
En otros países como Francia han propuesto cortar la conexión al ciudadano pirata. O hacerlo al tercer aviso. O simplemente reducir el ancho de banda. Pero tal vez el caso más esperanzador esté en Suecia: allí las últimas condenas por descarga han lanzado a la mitad de los internautas a los sitios legales. En Dinamarca los proveedores de internet ofrecen contenidos en el mismo paquete: 5.000 canciones.

enemigo o aliado. Mientras creadores y gurús discuten, hay gente que prefiere quedarse en terreno más templado. Es el caso de Eric La Chapelle, músico americano afincado en Alcalá. Desde hace años cuelga su música en la red social MySpace. Allí se pueden escuchar conciertos y nuevas creaciones: "Es una manera de darte a conocer, de que te escuche gente y luego vaya a verte actuar... aunque siempre corres el riesgo de que te plagien las canciones".
También existe un cierto recelo  hacia el creador caprichoso. Estefanía González reconoce en el foro de diariodealcalá.es en Facebook que descarga algo de internet "para escucharlo antes de comprármelo, y no llevarme luego un chasco". Pero añade que "los cantantes se llevan más dinero de sus actuaciones,  que de los discos que venden así que no pretendan hacernos creer los artistas consagrados que esto les lleva a la ruina".¿Es obligatorio que sean millonarios los artistas?, se pregunta.  La respuesta queda en el aire porque lo que está en cuestión no es cuánto dinero debe ganar un creador sino quién puede disfrutar de sus creaciones: los que cumplan las reglas, sean las que sean, que el creador acepta o todos en general.

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