miércoles, 9 de diciembre de 2009

La fiesta de Blas


De vez en cuando un obispo está tan tranquilo y se le posa un aguilucho con flechas a su vera. Está uno dando una misa de esas que acaban con cabezazo, en Paracuellos para darle más leyenda al asunto, y –como la esvástica les es demasiado extranjera– le ponen una bandera de esas que ahora llamamos finamente preconstitucionales. El obis, que es pastor de chuchos y maragatos, sigue con su homilía pensando que si sale en algún medio será como mucho en el No-Do. Pero la imagen queda inmortalizada en jpg y de ahí pasa a internet, que es un sitio donde te puedes poner como quieras menos de perfil. Y ya la tenemos liada.
El obispo ha pedido disculpas por el atrezzo que le pusieron el otro día, porque el elenco no lo podía cambiar: uno no puede quitar el anillo -ni el cazo- ni aunque el propio Blas Piñar, como así sucedió, venga a besarlo. El lema de este notario sigue siendo: "Dios, Patria y Justicia", tres palabras que suscriben muchos seres humanos en el mundo, incluso los massai africanos. Viva la diferencia, habrán pensado algunos, sobre todo ahora que el franquismo está despiezado y convertido en una sit com con exteriores complutenses llamada Cuéntame.
Lo que finiquitó el franquismo fue la Constitución, siempre tan discutible precisamente porque de lo anterior no se podía casi ni hablar. La nieta de Franco baila por la tele, a Carrillo le quieren devolver la peluca aunque sea a la fuerza y tenemos bodas gays y desfiles militares presididos por una mujer embarazada. Vale, se acabó la Transición: pasemos al siguiente capítulo. Nos queda algo de vida por delante para disfrutarlo. También a Santiago  Carrillo y a Blas Piñar, y ellos lo saben desde que se produjo la famosa anécdota en la el comunista se vio a escasos metros de su "archienemigo" en un hospital madrileño sin incidentes. Lo que la política separa lo unen los achaques. Como cantaba Carlos Cano, las dentaduras ya no están duras pa estas huesuras. Les queda un poco de recreo todavía. Que cierren etapa con un chotis. ¡Pichi!

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