De todas las palabras que tengo en la cabeza, la que más me gusta es entusiasmo. Nos hace un poco más humanos que al escarabajo pelotero, aunque ambas especies tengamos expectativas parecidas. Nos distingue la pasión con la que hacemos las cosas, aunque sea subterránea. La intensidad es distinta al despertarnos por la mañana amarrados a alguien que te cae encima por Navidad. Impactando entre siete esquinas, como si fuese un meteorito, deja un lindo agujero de caligrafía perfecta en medio de tu casa. Te sabe todo a ojos verdes, o marrones, y de su brazo pasamos revista a los escaparates sin poder ver lo que hay dentro ni comprender la fortuna de su reflejo. Se hace de día, y por entre los resquicios de su pelo está la promesa de lo que nos gustó bajo la ropa, iluminada por una persiana que vino taladrada de fábrica: esos agujeros en el plástico son las normas del mundo que nos ha parido, aunque hay gente que las mejora. La piel blanca, el acento en dual, la risa nerviosa haciendo honor a la fascinación del hombre por la metralleta y otras armas de fuego... Son todos retales afinados que se sienten a leguas de distancia de lo bonito que canta. Pero la intensidad está ahí mismo, vestida de niña buena y siendo un volcán a rebosar. Divino tesoro, no me la quites de ese modo.
Los bichos no entienden de todas estas cosas, porque andan sobrados de patas. Lejos del hormiguero, despierta uno con los ojos llenos de rocío porque a los humanos nos amanecen por la fuerza. Sin embargo esta intensidad porteña quisiera yo echarla al bolsillo y llevarla a arder conmigo. Si un día meto la mano sin avisar, puedo sacar un cucurucho de helado con dos bolas color perla, o un maki de ultramar. La intensidad es graciosa, y uno siempre distingue lo maravilloso que lleva dentro. No quisiera verla partir jamás, y maldigo la prisa porque es algo que inventaron los otros. Intensity es el sitio donde plantar un día y ver crecer nuestros enanos. Y no hay dos iguales, porque doble ración de su bien no hubiese cabido en mis planes ni en el mundo entero.
jueves 19 de febrero de 2009
martes 17 de febrero de 2009
El zapatazo pendiente
Bush se llevó un Zapatazo cuando Zapatero se marchó de Irak. Pero todavía hubo tiempo de que encajase uno más. Esquivó ambos tiros, demostrando que tiene mejores reflejos que el Partido Republicano. Pero Bush es ya un jubilado, y el zapateo de ancianos no tiene tan buena prensa como el de presidentes belicosos. El zapatazo se ha quedado viejo, aunque para muchos sigue pendiente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


