jueves 26 de febrero de 2009

Ni a sol ni a sombra

Los despidos son el icono de la crisis: la muerte laboral, el ser humano como un pasivo del Estado primero y como un barco a la deriva después. Para salvar los muebles, los españoles están abrazando de nuevo la economía sumergida, hacerse con el dinero que pasa por la calle, venga de donde venga. Antes era cosa de inmigrantes, pero ahora estamos todos en el mismo bote y si no remamos nadie nos empuja. El  camarero vuelve a ser español, pronto lo será la asistenta. El repartidor, el fontanero... ¿Cuanto durará esto? Nosotros duraremos más, aunque nunca será lo mismo. Ya hay jóvenes arrastrando la maleta, porque los sueños caducan rápido en tiempos de crisis: no hace falta haber llegado de ultramar para verse obligado a marcharse.

Pero no todo son despidos. Hay quien trabaja y no cobra. Los ayuntamientos tiene asfixiadas a las pequeñas empresas porque les deben mucho dinero. Sin ese flujo la maquinaria se para, y el empleo también. Hay casos desesperados, como el hombre que casi se quema el Loeches, pero el drama es subterráneo: son negocios familiares, medianas empresas. Sus problemas no salen en los telediarios casi nunca. Pero el goteo de gritos de auxilio es constante. Cinco trabajadores de la construcción se subieron a una grúa a 45 metros de altura en Granada para exigir que la empresa para la que han trabajado en esa obra, pague el millón de euros que adeuda a una decena de operarios desde 2006. Sucedió el jueves, y su impotencia me ha recordado la del que la emprendió a mazazos con la 'herriko taberna' el pasado martes porque los proetarras se reían de las amenazas que recibía. Es un dolor de estómago parecido, porque no hay otro sol en el que refugiarse. Los obreros que treparon a la grúa lo hicieron tras no conseguir que se saldara la deuda por la vía judicial. Ahí tienen a la cuadrilla, optando por esta forma de protesta, con cinco trabajadores encaramados a lo más alto y el resto concentrado abajo. ¿No hay plan de salvamento para ellos? No, no lo hay. Si se hunden los bancos nos hundimos todos. Si se hunden las grandes empresas se hunden las mayorías de los partidos. Pero si se van al garete unos cuantos desgraciados son flor de un día en el telediario. A otra cosa, mariposa. Literalmente. Pero no hay casi nada en lo que posarse, hay que volar todo el rato.

¿No hay email? toma red social. 

Gmail también falla. Aunque sea uno de los servicios de correo electrónico gratuito más populares del mundo, estuvo bloqueado  durante más de tres horas, dejando sin email a millones de europeos, incluido un servidor. El corte coincidió en Europa con el inicio de la jornada laboral, lo que supuso un problema importante para muchas compañías que utilizan cuentas de correo de Gmail. Pero no crean que esto animó el escarmiento ludista o que hubo hachazos contra las máquinas. No. Muchos usuarios de Gmail sin otras cuentas de correo optaron por comunicarse con sus contactos vía mensajes en Facebook u otras redes sociales. Así que lo del correo electrónico no tenía tanta miga como pensábamos. O las redes sociales tienen mucha ejundia. Aquí queda dicho.

miércoles 25 de febrero de 2009

Dadme azul


De pequeño me gustaban las hojas más verdes de la ensalada. Nada de tonos amarillos: verde oscuro con mucho vinagre. Química pura. Pinchaba y pinchaba, y cuando me daban la comida decía "dadme azul". Casi no sabía hablar, pero estaba usando el superlativo del verde. Azul, el que lo vea lo entiende: tan verde que no es verde. No sé si el primer amor es mamá o si es la comida. Después vienen muchos sabores, y entre medias aparece alguna gente: la tabla periódica de los elementos y de las elementas nos viene al encuentro para demostrarnos que es una mala idea quedarnos en la mazmorra esperando a Casimiro. Durante algunas temporadas uno se pone a cubierto, porque fuera del tálamo todo es viento frío cuando peor; y cuando mejor, llovizna. El día se nos adelanta siempre, y en el lecho de muerte ganan los anocheceres vistos a los amaneceres vividos. En la cama damos vueltas, pero no vamos a ninguna parte. El pelo despeinado es un registro de todo lo que has soñado, pero nos falta la gramática de ese código: cuánto madruga el misterio, y cómo nos dura hasta la última hora. Si alguien te pone la pierna encima, socio, que sea bajo el edredón. Allí, no digas nada y no tengas miedo de que te amarren. Fuera están los papeles, el derecho romano y el pretérito perfecto compuesto. La primera persona del plural se va al cuerno cada dos por tres, pero siempre tendrá el carisma que nos pone de puntillas al otro lado del teléfono. Hay que estar con la gente que te hace bailar el estómago, abrir la puerta al que es un medicamento al revés: que se quite las botas y nos cuente algo. No llorar por Granada si nunca nos dejaron entrar. Caerá.
Un día brindamos solos delante de una pared blanca y ahí queda resumido todo lo que nos faltó por decir. Llegamos tarde, pero es que no se llega a todo. De los niños me quedo con su pasión por los límites, sea en el ruido o sea en la ensalada. De los adultos, con nuestra historia de amor con nuestra propia memoria. Es un romance muchas veces correspondido, con la discreción necesaria que obliga en los enlaces entre dos amos tan distintos. La memoria es lo que amamos, y si lo que amamos fue excepcional, lo excepcional es nuestro.