miércoles 18 de marzo de 2009

Estadísticas

Las estadísticas con como las minifaldas: nos dan buenas ideas, pero nos ocultan lo más interesante. Algún defensor de lo que mi sagaz compañero de columna Alonso Guerrero llamaba educación de "piscifactoría" habrá dado un bote de la silla al ver que el diario The Guardian, defensor del laborismo inglés, ha publicado un estudio defendiendo la separación por sexos.
Las niñas, al parecer, sacan mejores notas siempre. Y las que son enviadas a colegios de chicas, mejores todavía. Ocurre que en Reino Unido, en contra de lo que algunos piensan, la separación por sexos es cada vez más minoritaria. Quiere decirse que ese ramillete de lumbreras alborotadas con falda de tablas no es, para bien o para mal, representativo de cómo son las chicas en el Reino Unido. La investigación, realizada a partir de una Guía de Buenas Escuelas, afirma que los mejores resultados obtenidos con este sistema pueden deberse a que las alumnas estudian mejor sin chicos que las distraigan.
Pero estamos obviando varias cosas: en primer lugar, las alumnas que son enviadas a estudiar a estos centros son mandadas por sus padres. Parece que la mayoría de los progenitores ingleses, igual que en España, prefieren la educación mixta, aunque tal vez a muchos de ellos sencillamente les de igual. A los que desde luego parece importarles, y mucho, son a los que quieren que sus niñas estudien sin niños: están dispuestas a mandarlas lejos y pagar más. Muchos pensamos que la educación separada es un error o, como poco, una tontería atávica. Pero lo que parece claro es que la preocupación que tienen estos padres por sus hijas y las aspiraciones que tienen para ellas son notables. Este valor es bueno, y es positivo fundamentalmente para la alumna, aunque al final acabe estudiando con niños, niñas, canguros y hasta ewoks vestidos de colegial
Para bien o para mal, ninguno nos merecemos los padres que tenemos. Ni el nivel de vida con el que hemos crecido, ni el número de libros que hay en casa de mamá. Cuando juntamos todas esas variables tenemos lo que se llama una estadística. Y si un chaval tiene dos enciclopedias y otro ninguna nos dirán que hay una para cada uno.

Se acabó el empujar contenedores para aparcar.

El Ayuntamiento abandona de momento su plan para soterrar los recipientes de basura
A lo mejor usted y sus vecinos han encontrado un sitio para aparcar cada noche: el que ocupan los contenedores de su calle. Basta empujarlos un poco sin preocuparse de dónde se quedan. Pues bien: eso se va a acabar. Harto de la picaresca, el Ayuntamiento va a poner bordillos en los espacios que ocupan estos contenedores. No serán tan fáciles de mover, ni tan sencillo ocupar su espacio reservado. 
En algunos barrios, la picaresca de empujar los contenedores de un lado al otro para usar su espacio para aparcar ha llegado demasiado lejos. "En Nueva Alcalá los sacan a mitad de la calle para aparcar", se lamenta Jesús Domínguez, concejal de Medio Ambiente. "Un contenedor amarillo por la noche se ve, pero mal. Y uno verde no se ve nada aunque esté en medio de la calle", explica el edil, que considera el asunto un problema de civismo pero también de seguridad vial. 
El sistema, pese a parecer rudimentario, puede ser eficaz. El contenedor ya no tendrá libertad de movimientos. Estará rodeado por un bordillo, lo que supone perder definitivamente esa zona para el aparcamiento pero al mismo tiempo protegerla para el contenedor. La medida ya se ha puesto en marcha en el entorno de la calle Ferraz de manera experimental. 
Este problema afecta a los contenedores que tienen ruedas, llamados "de carga trasera" por cómo se vacían en el camión. Alcalá tiene unos 600 contenedores de basura orgánica y otros tantos para envases situados dentro de esta categoría. Tienen una capacidad de 2.400 litros, por debajo de los 3.200 que tienen los de carga lateral. Esos no hay quien los mueva porque no tienen ruedas giratorias.  
Jesús Domínguez cree que la experiencia con los contenedores subterráneos no ha sido tan buena. Estos ingenios mecánicos actualmente están emplazados en calles como Talamanca, Santiago, Cerrajeros. Enterrados varios metros bajo el suelo, aportan la ventaja de que no afean la zona, reducen los olores y ahorran espacio. Sin embargo los vecinos se han quejado del enorme atasco que forman los camiones que los recogen cada noche. En una vía tan estrecha como Talamanca, por ejemplo, los coches que van detrás del camión que recopila la basura pueden llegar a esperar un cuarto de hora a que el proceso termine. La tarea requiere de bastante tino, pues se levanta en pesado contenedor con una grúa hasta situarlo justo encima del depósito del vehículo y vaciarlo. Muchas veces hay que hacer varios intentos y, como recuerda el concejal "no se puede hacer más rápido". Levantar y vaciar cada contenedor lleva entre cinco y diez minutos. 
Pero ése no ha sido el único problema con el que se ha enfrentado Medio Ambiente. El mal uso de algunos contenedores les ha traído más de un quebradero de cabeza. En el caso de algunos contenedores  algunas veces dan la apariencia de estar llenos "cuando en realidad lo que pasa es que están algo atascados". En el caso de los contenedores de vidrio "tuvimos que reducir el tamaño a la mitad porque se rompió una grúa levantando uno de ellos". Fue precisamente en la calle Talamanca, y el atasco fue antológico. A todo esto hay que sumar las quejas por el ruido. La recogida se hace por la noche, que es cuando menos atasco se ocasiona, pero siempre a costa del sueño de alguno. 
El Ayuntamiento anunció en mayo de 2006 que la ciudad enterraría hasta 600 contenedores en todo el casco urbano antes de un año. Así lo tenía previsto Medio Ambiente dentro de su pliego de condiciones de limpieza, que tiene previsto presentar al Pleno antes del verano. Uno de los primeros barrios en beneficiarse será Nuevo Alcalá, con muchos problemas de aparcamiento. El soterramiento de contenedores,  debía afectar a la totalidad del distrito de Nuevo Alcalá, también al Barrio Venecia y a algunas calles adyacentes. La idea era cambiar todos los contenedores móviles, con ruedas: "de momento se dejan los que están posados sobre el asfalto y que no pueden ser desplazados por algunos avispados conductores buscando un hueco para aparcar", explicaba Medio Ambiente entonces. Ahora se ha impuesto una solución más práctica, o por lo menos más barata. Cada uno de estos contenedores cuesta 600 euros. En total el Ayuntamiento se gastaría tres millones en esconder la basura: 380 contenedores verdes y 198 amarillos para que sean invisibles y huelan menos.
Domínguez no cree que el modelo de contenedores enterrados sea malo, aunque cree que tal vez hubiese sido mejor la alternativa hidráulica, "en la que sube el cubo solo". Pero de momento se abre un periodo de reflexión "porque no queremos tener varios sistemas de recogida de estos contenedores". El coste, al parecer, se multiplicaría, aunque ciudades como Salamanca han estado recogiendo la basura con cuatro sistemas distintos a la vez. Las ventajas son evidentes: se ha reducido notablemente el olor, aunque no del todo. "Todavía no conozco un contenedor que no huela", explica el concejal. Los contenedores, además, son sometidos a una limpieza cada mes, cada quince días durante el verano, para retirar los líquidos que se quedan en el fondo.