jueves, 14 de enero de 2010

Alcalá se queda sin Postre

El Postre, la pastelería histórica y casi centenaria de la calle del Tinte, cerró el lunes sus puertas. Fundada en 1926 por el vallisoletano Lino Gómez, su hija, Marival Gómez recordaba ayer cómo nació una de las confitería más famosas de la ciudad, que incluso, le robó el nombre a la calle y de ser de Tinte, pasó a ser, popularmente conocida como del Postre: "A mi padre le gustaba la repostería y escogió esa calle para montar su negocio. Me da pena ver cerrado El Postre".
Nunca fue una pastelería más. Junto con Salinas fue un lugar señalado al que llegaban desde Madrid clientes en busca del mejor dulce. Lino Gómez la creó en los años veinte, cuando se trasladó de su Valladolid natal a Alcalá, para montar un negocio de confitería, que era lo le gustaba hacer: hojaldres y bizcochos para endulzar al personal.
Su hija Marival Gómez rememora por qué su padre eligió esa calle y no otra: "Dudaba entre un local frente a la Plaza Cervantes y el del Tinte y optó por este último porque tenía mejor comunicación con la estación de tren. Antes el tren era el medio de transporte por excelencia", explica Gómez. La mirada del empresario dio en el blanco.
Una pastelería familiar de producción no masiva pero elaborada y artesanal, que continuó así hasta que echara el cierre durante tres años por culpa de la Guerra Civil y que volvió a abrir sus puertas, recuperándose poco a poco por la falta de materia prima y las penurias que arrastraban las cartillas de racionamiento.
Los viejos del lugar la recuerdan como una repostería con encanto, un lugar con estilo decorado con madera y crista. Sólo había mostrador, porque la parte de cafetería llegó en los setenta, cuando el cansado Lino Gómez, con 73 años de edad, traspasó la tienda a la familia González que se hizo cargo de la misma revolucionando el sector. Alcalá había crecido y la gente se podía permitir tomar algo fuera pero a diferencia que Gómez, los González no eran pasteleros. El padre era propietario de una carnicería en la calle Mayor y servía la carne a los soldados del cuartel, que por aquel entonces eran un floreciente negocio para la ciudad.  
Con unos y con otros, El Postre presumió siempre de costrada, un postre típico de Alcalá que hacían con una ortodoxia casi intransferible. Tanto que en una comida oficial de la Brigada Paracaidista, que siempre recurría a El Postre para endulzar a sus invitados, el general José Sierra soltó la cucharrilla a la primera probada para preguntar por quién se había encargado de ir a buscar la costrada esa vez, porque ésa no era de El Postre.  Las rosquillas de Alcalá eran otra especialidad muy propia de la casa. Los González son conocidos por ser dueños de los Topeca, uno en la Plaza de Cervantes y otro en la calle Mayor y del hotel del mismo nombre de la calle Cánovas del Castillo, que ya cambió su denominación. La palabra Topeca, formada con las dos primeras letras de los nombres cada uno de los hermanos González –Toni, Pepe y Carlos– se convirtió en una marca personal de otro tipo de negocios para una ciudad que cobraba importancia. También se vieron envueltos en la controversia, a principios de los noventa, por la una presunta mala manipulación de los alimentos que servían.  
En la presente década, ya en 2003, pasó  a manos de Antolín Moreno –su familia es propietaria de Las Cuevas de Antolín y La Cúpula– y de su hijo José Luís, que ha esperado a pasar la bonanza de los roscones de navidad para echar el cierre de una tienda y de una página en la historia.

"Mi padre fue el pionero de la costrada en Alcalá"
Lino Gómez, fue el pionero de la dulce costrada en la ciudad complutense. Su hija, Marival Gómez evoca cómo el manjar de hojaldre, llegó a El Postre para quedarse, bien sentado y agusto.
La 'culpable' de la receta fue una amiga de los Gómez. Conchita Azaña era su nombre. "Era alcalaína y recuerdo que mi padre le tenía mucho cariño porque era muy buena. Un día vino de una boda de Zaragoza y le contó a mi padre que había tomado un postre delicioso. Le explicó los ingredientes que llevaba y mi padre los mezcló e hizo su propia costrada" apunta Marival. Gracias a la insistencia de Conchita para que don Gómez reprodujera aquel dulce bocado, Alcalá pudo presumir de costrada complutense durante décadas.
"La pena es que la costrada de Alcalá no se ha visto tanto. Así como sus rosquillas se conocen en más lugares de España, y en Madrid la gente ha oído hablar de ellas, este postre ha pasado más de largo", comenta la hija del fundador.
A Marival Gómez le une, como es lógico, un sentimiento fuerte hacia El Postre. Se entristece cuando le preguntas por el cierre: "Creo que la pastelería forma parte de Alcalá y para mí, bajar de mi casa a la calle, y ver la confitería cerrada me da pena. Pero así son las cosas", dice

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