miércoles, 13 de enero de 2010

Paco Barrabás

Yo no me fio de un concejal que tire siempre la basura a su hora. Una cosa es ser cívico y otra tener un control total del espacio y el tiempo, que es exclusiva del mismo demonio. Por eso la piedra que ha lanzado Jesús Domínguez –el guardián de las esencias medioambientales del PP– contra el muro socialista sólo me interesa por dos cosas: porque la lanza y esconde la mano y porque en el otro bando han preferido quedarse callados afinando los instrumentos. Durante los últimos años el edil de Medio Ambiente nos ha hecho ahorrar agua, romper menos cosas y tirar la basura donde se debe. Tal vez su legado sea más importante que el de un edil de Urbanismo, porque la ciudad está casi hecha del todo y es más urgente conservarla que completar el puzzle. El civismo no se puede inaugurar y no saldrá en las enciclopedias: es abstracto y global. Así que si Venecia llega al siglo que viene sin ahogarse habrá que ponerle el nombre de Domínguez no a una calle veneciana, pero sí al menos a una trattoria: Pizza Jesús, picante y preparata la mattina presto.
Domínguez es junto con Gustavo Severien el wasabi del equipo de gobierno. Si te pringa estás perdido. Como es de la vieja escuela no le pasa como a Manuel Peinado, que se le saltaban las lágrimas en los recitales de poesía. Es capaz de pegarle un zapatazo verbal a los endecasílabos de Francisco Peña y dejarlo al pobre arrabalesco para toda la vida. La munición de Domínguez es de radio muy mañanera. Por eso va con las pilas cargadas todos los días gracias a las tertulias liberales, esas que cuando las escucha uno lamenta un poco que la Guerra Civil no haya durado un poco más para haber rematado la faena.
Si eres sociata te espera camuflado junto al contenedor en plan Rodríguez de la Fuente a ver si pecas. Como yo soy periodista a lo mejor tiro la basura a mi hora pero peco de pensamiento soñando con contenedores de plástico llenos de espaguetis con tomate. Me leerán la mente y me postearán con Barrabás, que encima me susurrará un soneto. Señor, perdónalos, que no saben lo que reciclan.

No hay comentarios: