lunes, 11 de enero de 2010

Se busca culpable para gran nevada

En Rusia hay una criba cada invierno. Los mendigos con suerte acaban en puerto seguro y a los despistados los encuentran con el deshielo. La muerte por fío, dicen, es más dulce que la muerte por calor. Se quedan dormidos en la dulce borrachera mientras la tensión tiende a cero. Los llaman copos de nieve y hay un teléfono al que puedes llamar para que vengan a retirarlos: por favor, hay un señor gordo congelado en la salida de mi garaje. Caen carámbanos de un metro de altura desde las cornisas: una vez casi me atraviesa uno. Así que la gente anda por la calzada, porque las aceras son peligrosas. La nieve se mezcla con la mugre y no hay quien la derrita, es una masa negra que no refleja la luz y que hay que atacar con varas de hierro.

En España la nieve tiene algo de negocio o por lo menos de diversión. Pero mucho de molestia. Amanece el españolito y ve todo blanco: qué bonito. Luego ve su calle atrancada: no me abrieron paso, me tienen olvidado... Los alcaldes, esa gente tan sufrida, atracan las salinas de toda España para que el vecino no levante la voz. Los políticos tienen miedo a los elementos, pero los elementos no temen a los políticos. No están a su alcance, pero está feo decirlo.

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