lunes, 25 de enero de 2010

Ser responsable no era tanto pedir

La resolución del conflicto que tenía en vilo a casi medio centenar de familias de trabajadores de Creaciones en Acero demuestra que, esta vez, se trataba más de un caso de voluntad que de apreturas empresariales. Los trabajadores llevaban meses sin cobrar, pero como la empresa no los despedía no tenían los papeles del paro y no cobraban el subsidio de desempleo. Los operarios acamparon pidiendo sólo un poco de comprensión y que la empresa cumpliese con sus responsabilidades, pero parece ser que era mucho pedir para la familia Pinar, propietarios de esa ruina. Un acto valiente del alcalde, plantando cara a la los policías tras los que se parapetaban los dueños, ha servido para que en terreno neutral y al segundo intento la empresa se avenga a firmar lo que tarde o temprano no iba a tener que hacer. Pero los tiempos dicen mucho en contra delos gestores, porque cuando la gente no tiene sustento no es lo mismo un mes que dos: no hablemos de cuatro o casi cinco, que es donde hemos ido a parar con la desidia e indolencia de los propietarios.
Actitudes así, tan imposibles de entender y tan complicadas de reparar a posteriori, son precisamente las que en este país alimentan una mala fama para las empresarios que no siempre es merecida. Pero es imposible defender casos como el de Creaciones en Acero como tampoco se puede entender el caso de Air Comet, en el que se puso el interés del viajero en último lugar mientras todo se iba a pique. La irresponsabilidad tiene un coste individual que pagan los que se quedan tirados, pero también implica un daño colectivo en el país: menos confianza, peor imagen, competitividad maltrecha y un estigma unos agentes sociales que en el fondo son los que mueven la economía. ¿De alguna manera se les puede hacer responder por desmanes de este estilo? Parece poco probable y menos en la coyuntura actual. Pero es algo que debería debatir el Parlamento: con indemnizaciones no basta, hay que penalizar la conducta irresponsable más allá de la reparación personal, que además suele ser tardía y modesta.

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