miércoles, 6 de enero de 2010

Trabajando y gracias

Llega alguien y me dice: ¿Cómo estás? Y respondo: trabajando y gracias. Esta maldición divina que en Madrid llamamos currelo nos protege de algunos males aunque nos priva de otras mieles. Cuando uno no trabaja lo aguardan en casa castigos peores como las tareas domésticas o episodios de idiocia familiar que hay que disculpar sí o sí. En España prima el presentismo laboral, y se supone que el que pasa más horas a la silla es el rey de la colina. Por eso no conciliamos nada, porque llegamos tarde y hacemos mucha sobremesa, que muchas veces no es merecida. Cuando llegamos a casa está la parienta con el párpado a media asta o –mejor todavía– encamada conformando un bulto entre las sábanas y el edredón. Palpa uno un poco y dice: sigue ahí, todavía no me ha dejado por el melenudo de Pimpinela. Sí, trabajamos una hora más que la media de la UE pero producimos menos. Nos pone hacer las cosas a nuestra manera y lo de formarnos se considera hobby. Las orejeras no nos despeinan: ya tenemos la cabeza con el molde hecho para las riendas.
¿Mucho trabajo? Sí, esa suele ser la pregunta siguiente al qué tal. Pues el suficiente para que no me larguen ni me externalicen, digo yo, que sólo quiero llegar a la siguiente pantalla con vida extra incluída. Vamos, que no nos podemos quejar. Unos porque si se quejan les cae una tollina y otros porque se revolvería Marx en su tumba de lo poco que curran.
Lo que no se perdona en España es que te guste tu trabajo. En ese caso es en el que te esperan a la vuelta de la esquina para darte tu merecido: vicioso, cabrón, bohemio. Te meten horas extra por el culo y siempre por la pati y cuando dormitas unas horas entre semana tras tu guardia dominical llegan voces a medio centímetro del tímpano: ¡haragán, que haces encroquetado con la que está crisis cayendo! Y digo yo que la que está cayendo no tiene que ver con exceso de ratos de cama, sino con las malas ideas que hemos puesto en práctica y las pocas buenas que se nos han ocurrido hasta la fecha. Lo que no entiendo es que si trabajar es tan bueno, por qué dan dinero por hacerlo.

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