miércoles, 27 de enero de 2010

Yes we perro

Dios descansó al séptimo día porque no era catedrático: se hubiese cogido un año sabático. Sí, de esos que carga el diablo porque la chola no está hecha para tanto relax y vuelve uno que no sabe si tocarle una teta a Manuel Gala o pedir napalm con el café. Ayer Virgilio Zapatero se nos fue a hacer compañía al oso verde de Caja Madrid. Ha dejado el traje de rector no muy gastado, como una armadura de las que valen para museo o para que se la ponga el que venga. Caja Madrid es un buen curro: nuestro banquito regional es un maná castizo por el cual se han revolcado por el barro Aguirre, Gómez, Gallardón y Rajoy. El año pasado pensamos que era una mala era para los banqueros, pero la tempestad amaina pronto en lo más alto aunque en estas bajuras a la peña le quede poco para pelease por el pico del bollicao. El chuletón tiene quien lo rebañe y las gorras de plato no caen en desuso en la capital del reino: tranquilos todos. 
Es duro ser rector, porque debes demasiado y siempre hay gente que quiere entrar en tu fortaleza. Se dice que Virgilio –el autor del siglo I a. C., no el rector saliente– cuando ya estaba en su lecho de muerte encargó quemar la Eneida. Deseaba desvincularse de la propaganda política del emperador Augusto –que se la había mandado escribir– y al mismo tiempo le parecía imperfecta. Estos días el rector tal vez piense si podría haber hecho las cosas de otra manera sin tener que complacer los bostezos de las cátedras, a los menesterosos departamentos y la lealtad al banco azul. Si hubiese sido punki por una semana en plan película de Jim Carrey. Pero no, we can't, nos hemos quedado sin experimento de can mordiendo a can.
Dice que prefiere la música a una úlcera. En la placidez del hogar el violín de Virgilio acompañará a los versos que Poncela puso en boca de Quevedo: "En San Marcos fui encerrado /  y a la postre el escaparme he conseguido / de un privado que de todos se ha valido / y un valido que de nada se ha privado." Virgilio Zapatero seguirá con ZP, aunque sea cabalgando un plantígrado eurívoro y atormentado por los morosos de la mora, cuya mancha con otra mora se quita.

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