miércoles, 3 de febrero de 2010

La perra vida

Mis vecinos, puerta con puerta, son rumanos. Pagan su alquiler y son de los que siempre saludan: madrugan, ahorran y sueñan tanto o seguramente más que los demás. Un curro por la mañana y otro por la tarde para ella. Uno entre semana y otro los fines de semana para él. Así da de sí la cuenta corriente, no hace falta que el Gobierno les regale casa ni becas. Lo digo para el que le pueda interesar el plan.
Los españoles primero, mascullan algunos en lo que me parece más un intento de buscar un lugar marginal pero remunerado bajo el caliente sol de la política. Cuando aquí la gente sólo soñaba con vender su casa al doble de lo pagado o en buscarse un puesto cómodo para toda la vida, nadie pedía que los españoles se pusieran los primeros en bajar a la zanja cuando el sol cae a plomo:  fueron el denostado negrito y el pobre rumanodemierda los que cumplieron con la misión. Nadie pidió, que yo recuerde, chachas españolas igual que ahora nadie reclama ni delanteros centro ibéricos ni vocalistas castizos.
Ahora el agua nos empieza a cubrir, pero si no tenemos sitio en la zanja es porque en su momento no quisimos bajar: los capataces de obra nos llevan a los españolitos en el corazón, creo que el desamor fue en sentido contrario. No es el puto negro el que hace que haya apreturas en la sanidad pública, sino el puto dinero negro que va directo a la buchaca del afortunado sin dar una higa por las necesidades de los demás. No, no se puede decir "los españoles primero" y después pedir la factura sin IVA. Ni pedir caza al panchito si antes no fichan los enfermos imaginarios de la baja cañí.
Y no deja de ser macabro que en la pared alguien escriba los españoles primero justo el día en el que muere John Felipe Romero Meneses, el soldado colombiano del ejército español fallecido en Afganistán en un atentado cuando escoltaba una caravana del Programa de Alimentos de la ONU. Porque John Felipe sí que iba el primero en la columna de blindados, defendiendo en tierra hostil la bandera que otros garabatean en la pared de un barrio que ojalá no tengan que dejar jamás para buscarse la vida. La perra vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

bien hablado, sí señor.