miércoles, 28 de abril de 2010

Faldita 'sesi'

Los colegios de uniforme, y los gobiernos que los fomentan, tienen un gusto parecido al de los directores de cine porno: faldita aunque llueva, medias hasta  la rodilla aunque haga calor. Lo de la mujer con falda es una cosa obligatoria en determinados ámbitos: a los pasajeros de los aviones les pone, a los padres de los centros les gusta y a los clientes de los bares les anima a volver. Es curioso que para ver mozas vestidas de ese modo tan absurdo haga falta irse a un cole o a un rincón del videoclub. ¿Pero qué mosca nos ha picado? La cristianita va vestida como hace 50 años. La morita, como hace 500. Los niños, no me olvido de ellos,  van vestidos de bedel: jersey de pico y pantalón de oficinista sudao y con migas del bollo. Natural como la vida misma. 
¡Es lo que pide la gente!
Es la frasecita con la que en Alcalá nos han colado todo tipo de educación: la consagrada al bulo de Adán y Eva, la de los niños formando tercios de flandes con rodilleras, la sufragada con fondos públicos pero que cede unas horas al adoctrinamiento religioso, la concertada que es pública pero siempre se lo monta mejor que la Pública y la que se supone que pare alumnos bilingües con los mismos profes de toda la vida.
Sí: es el de la educación terreno abonado para los milagros y las maldiciones bíblicas. Ahora es el baile del pañuelo el que ha puesto a cada villano en su rincón. El PP, que azuzaba hasta hace poco a la rebelión contra los centros que osaban llevar la contraria a los padres –¡oh!– y a los partidos –¡ay!– con la Educación para la Ciudadanía, dice ahora que hay que inclinar la cerviz y hacer lo que el centro diga. Bienevenidos al imperio de la ley.



El zapaterismo lleva dos legislaturas diciendo que va a desclavar unos cuantos cristos como si los hubiésesmos puesto nosotros: son incapaces de gestionarse. Pero por lo menos el laicismo malvado de ZP –que tanto adoran los peperos cuando lo enarbola pichadura Sarkozi– está empezando a coger un brillo. El brillo de las cosas necesarias. Pero lo tapará la caspa de la carcundia. ¡Lo pide la gente!

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