lunes, 12 de abril de 2010

Hora de encarar el problema

Mejor dejar a un lado los sonoros defectos y las obvias virtudes del Lech Kaczynski, el presidente polaco muerto el sábado por un accidente de avión. Glosar la figura del desaparecido mandatario no es bastante como para entender lo que siente Polonia estos días. Un país que ha visto desaparecer su espectro político del mapa varias veces ha perdido a su cúpula dirigente en un accidente, que además se produce en tierra de su viejo enemigo y en medio del recuerdo a un genocidio que les fue negado durante años. Parece una burla del destino. 
Pero Polonia es hoy día uno de los países más solventes de la Unión Europea. El conservadurismo de los gemelos Kaczynski, partidarios de la autoridad y el estado fuerte, no entorpeció ese milagro bancario e inmobiliario: no explotó ninguna burbuja y la demanda interna siguió funcionando. Polonia creció el año pasado y crecerá este. Pero eso no significa que sus problemas hayan acabado.
Polonia ha vivido una década muy turbulenta, en la que la práctica desaparición de los partidos de izquierda ha motivado la aparición de otros que se alejan de la ortodoxia europea: cayendo en esencialismos eclesiales y en viejos odios contra Alemania y Rusia que, sobre todo en el primer caso, suponen una rémora para el país. El primer ministro, el liberal Donald Tusk, parecía haber roto el conjuro populista de los gemelos. Que ningún fantasma lo resucite.

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