martes, 20 de abril de 2010

Las ciudades no se inventan

Brasilia, la capital que quiso ser ciudad perfecta, cumple cincuenta años como ejemplo de utopía inalcanzable. Los núcleos urbanos no pueden digerir sus errores con facilidad, lleva décadas enderezar los equilibrios. En los años sesenta los urbanistas pensaron que sería interesentante hacer tabla rasa: "Cincuenta años de progreso en sólo cinco", prometieron entonces. Cincuenta años han pasado ahora y las ciudades han aprendido muchas cosas. Primero que el pasado es importante, y que tan crucial es diseñar con buen juicio los nuevos barrios como recuperar y regenerar aquellos barrios de los que no nos podemos desprender. También ha cambiado la percepción sobre la personalidad de las ciudades, que ya no quieren parecerse a un modelo global sino ofrecer al visitante una manera de ser personal a intransferible.
Juscelino Kubitschek, presidente en aquellos años, y Lucio Costa, el arquitecto elegido para este proyecto tan adanista, se quedaron en la superficie. Construyeron un mar para que se bañasen los trabajadores, edificios suntuosos como paradigma del progreso del hombre. Pero nadie impulsó las reformas agrarias, industriales y económicas que el país necesitaba. Una buena lección para recordar que el centro de la ciudad no puede ser un parque temático, que la vivienda cara y la barata son necesarias y que por encima de todo están las personas.

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