martes, 4 de mayo de 2010

¿Ley seca contra el lado oscuro?

Resulta que la profesión más antigua del mundo, la prostitución, es un asco. Una alienación, una vergüenza...sí. ¿Un delito? No. ¿Algo posible de erradicar a medio plazo (esto es, antes de que usted y yo estemos muertos)? Parece que no. ¿Qué tal si ponemos un poco de orden mientras tanto?
Olviden la discusión de cuántas mujeres lo hacen voluntariamente y cuántas lo hacen forzadas. Pensemos en qué es lo peor del fenómeno: el tráfico de personas que acarrea. ¿Y qué más? Las penosas condiciones en las que realizan su trabajo estas mujeres. Sí, ya sé que además estorban, molestan y dan mala imagen. Y ahí se ha decidido a atacar –por fin– el Ayuntamiento: no se puede vender ni regalar sexo en las vías de servicio, como tampoco se permite hacer decenas de cosas. ¡Fuera las prostituas y los clientes de las rotondas! Ok. Ahora sigamos con la primera parte del problema. ¿Es mejor legalizar esta práctica o declararle la guerra total? Midan sus fuerzas y recuerden la ley seca de 1920...

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