miércoles, 23 de junio de 2010

El paraíso

Si eres un buen musulmán podrás ver de cerca el rostro de Alá. Al menos has de cumplir las cinco prácticas esenciales. Declara tu fe en la unicidad de Dios y el profeta Mahoma. Da la limosna, el al-zakat, para que no haya tanta diferencia entre ricos y pobres. Cumple el ayuno, el sawm, del ramadán en el noveno mes del calendario musulmán en recuerdo de las privaciones sufridas por los pobres. Y prepara el hayy: peregrina, si puedes, a La Meca.
Los opositores arrancan estos días con su yihad particular. Yihad significa esfuerzo. En el cielo el paraíso es muy ancho pero en la tierra es un poco más pequeño, así que hemos inventado las oposiciones. Memoriza los tomos, repite como un papagallo, repasa lo que ya sabes, estudia más lo que cayó en el último examen, haz buena letra, no te metas en cuestiones políticas, no le prestes un boli al de al lado.
Pobres, menos pobres, artefactos, bestias, hombres y mujeres quieren trabajar para el Estado. Estos días, los jefes de la cosa nos cuentan que la granja ya no es lo que era. Las gallinas ahorrarán en cáscara de huevo, pero parece que seguirán haciendo falta las mismas ponedoras al otro lado de la ventanilla: ahorraremos en la clara y les arrancaremos cinco plumas cada año. Que sufran un poco, pero que nos falte ninguna,  hacen falta para que el caos produzca a buen ritmo. En Escandinavia nos ganan en peso proporcional de la función pública, pero es que en España llamas al Ayuntamiento y no te cogen el teléfono. El que gobierna arrea con lo que le dejan y los gobernados quieren meter la cabeza en esos pasillos sin luz llenos de carteles sindicales. A fin de año fiscal la multa sale cara, pero nadie quiere ser ladrón y muchos aspiran a ser policía.  Los créditos son para el hormigón, que es el material del que están hechos los sueños del españolito. Las empresas las crea el tío Sam y nosotros adoramos la marca, que es el profeta. Ahorras un poquito y te compras lo que quieras. Estudias un muchito y llevas una vida de ciudadano romano: puedes ver a tus hijos tanto como si fuesen tuyos y no te sierran los cataplines cuando cumples los 50. La vida eterna puede esperar.

No hay comentarios: