jueves, 1 de julio de 2010

“Your most unhappy customers are your greatest source of learning”

Antes era el sexo y la violencia. Ahora son los impuestos los que deberían estar vetados en horario infantil. En el supermercado podría colgar una advertencia: atención, contiene impuestos explícitos que pueden herir su sensibilidad. ¿Vio al estado derrochar hasta la fecha? Pues de ahí viene la subida de impuestos, no crea el cuento de la cigüeña. Las sociedades se hacen más conscientes con la crisis y esta tal vez nos deje huella, positiva incluso: hay que cuidar el planeta, guardar para mañana, confiar en nuestras propias fuerzas y dar una oportunidad a la innovación. Un día puede desaparecer todo lo que tienes, o al menos la mitad. Se lo lleva la marea desatada por el efecto mariposa, las hipotecas disparatadas que crecieron en el medio oeste de Estados Unidos arrastran a los bancos europeos, a la confianza de los consumidores, a los trabajadores de mono azul de centroeuropa, a la oposición china... Toca hacer un esfuerzo y colaborar con lo que un neoliberal llamaría el "hurto del Estado derrochadoer". Hablo de los impuestos, sí, la fea palabra. El globo hinchado de las tasas y los recargos. Lenin decía: ¿libertad para qué? Y ahora: ¿impuestos para quién? El 65,5% de los contribuyentes declaró en 2008 unos ingresos brutos inferiores a los 21.000 euros –3,5 millones de las antiguas pesetas–, lo que se traduce en unos 1.500 brutos al mes según los datos relativos a la declaración de la renta de ese ejercicio que se realizó hace un año. Lo más importante, que se han esfumado 2.500 declarantes con ingresos superiores a los 600.000 euros. Que paguen los ricos, sí. Pero es que no quedan.
Podemos echarnos a las barricadas. Culpar al empedrado, al mercado... a Keynes por morirse. Pero a fecha de hoy sólo hay 8.059 españoles que dicen aleguen obtener estos ingresos. Aunque algunos listos se hayan escapado de la criba, parece que el 0,04% de los 19,3 millones de declarantes no puede hacerlo todo por nosotros. Habrá pues que pagar y dirigirse a papá Estado, que se ha revelado como un juerguista. Gobierne regular, y sobre todo barato. 

Aprender del votante.
"Your most unhappy customers are your greatest source of learning", dice Bill Gates: "Tus clientes más descontentos son tu mejor enseñanza". Aplicar esta filosofía al sentido del voto sería un acto de sabiduría impropio de la política española. Alguien perderá las elecciones generales en 2012: el pasivo que se engañó con dogmas ante la crisis o el que miró a la bandera y a la familia hasta el último momento y después de dedicó a criticar sin descubrir sus cartas. Poco instruido o destructivo, opten ustedes. Lo importante es que los que vengan detrás aprendan de los malos datos de popularidad y el desapego. La ruptura del corazón del votante empieza en el bolsillo.

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