lunes, 30 de agosto de 2010

Ladrido 2010

Nada vale lo que cuesta en las Ferias: las patatas parecen un regalo del emperador de Marte, aunque son de Ciudad Real. Y entrar a ver a los Hombres G cuesta lo mismo que cuando mi prima Irene dio su primer concierto –cero euros– aunque le sacan –de momento– miles de discos de diferencia. Ningún alcalde quiere catear en música, cachondeo y tradición. Sobre todo cuando no paga a proveedores y el vecino ya viene cabreado de casa por la crisis. Así que es ladrar a la luna pidiendo otras ferias: cambiarán, sí, para ser más baratas. Y no es una mala idea por parte del Ayuntamiento: ya que su proceder es infame, que la infamia salga barata.
Las Ferias son un problema de seguridad, de limpieza y de ruidos. La acertada idea de llevarse el Ferial junto al río ha mitigado el problema, pero distamos mucho de ser una ciudad civilizada a la hora de divertirse... a iniciativa municipal. Pero estos padecimientos tendrían sentido si fuesen por una causa mejor que dar dinero a los peseteros y mantener al populacho entretenido y modestamente contento. Yo espero algo más de mi vida.

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