miércoles, 22 de septiembre de 2010

Padres tóxicos

Supongo que algún fascista redomado recortará esta columna y se la pondrá en un relicario como muestra de ese tú-lo-piensas-nosotros-lo-decimos que ahora triunfa entre el fascio chévere. Pero no me parece razón suficiente para no amarrarme esta tarde al teclado y, como diría el bueno de Reverte, "ciscarme en la madre de alguno". El cada vez más diminuto Sarkozy está dando puerta los que acampan donde no deben y ha empezado por los gitanos. En España, por lógica, nos hemos rasgado las vestiduras. Para empezar, no debería expulsarse a nadie de dentro de la UE sin un juicio previo. Si además se tira de la raza para hacer la criba, la cosa se pone indefendible por mucha lata que le den a monsieur president. Claro que esta bronca le viene bien a Sarko, que ya se ha beneficiado varias veces del yo-lo-pienso-mi-presidente-lo-hace. El mensaje es claro: ciudadanos, curro no os puedo dar de momento pero vamos a zurrar la chusma hasta que lleguen otros placeres.
Hasta aquí mi lamento progre, que quedará perdido entre el coro buenrrollista que nos acuna este mes de septiembre. Pero antes de consumir las líneas que quedan, me gustaría saber si soy el único indignado por el hecho, constatado, de que algunos señores –me da igual si son gitanos, celíacos o sodomitas– críen a los hijos bajo cuatro maderas y, lo peor de todo, no los lleven al colegio. No me parece que merezcan la expulsión, sino más bien la cárcel o algún otro método más expeditivo. Porque el verdadero drama que tenemos en el mundo desarrollado es que la vida nos sigue yendo según los padres que nos tocan. Y ya va siendo hora de ser igual de exigentes que lo hemos aprendido a ser con los celosos extremeños o iraníes –los del guantazo y el burka– y cojamos a los progenitores tóxicos por el pescuezo sin atenuantes relativos a que "es su cultura". Es muy injusto legar tu modo de vida, tus limitaciones y tu mendicidad a quien crees que te pertenece. No cuenten conmigo para ese conservacionismo tribal, menos fotogénico que el burka y los ojos hinchados. Pero inmoral.

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