jueves, 9 de septiembre de 2010

Sangre, sudor y un poco más de realismo

La mejor lectura que he encontrado este verano es The promise. President Obama, year one. Es una jugosa crónica de Jonathan Alter sobre el primer año en la Casa Blanca de Renegade, que es como se refieren en clave a Obama los escoltas del servicio secreto.  El presidente aparece retratado como un ser cerebral, frío con sus colaboradores muchas veces. Un americano cansado de la política con minúsculas hasta que en enero de 2009 se vio sentado en un Despacho Oval convertido en potro de tortura. La economía nos ha cambiado a todos los planes. También al presidente: "Tengo dos noticias, una buena y una mala", dijo el de Chicago mientras sus asesores más íntimos tomaban sitio en una reunión para perfilar el final de la campaña electoral. "La buena es que vamos a ganar las elecciones... y la mala que vamos a heredar un país en quiebra". El ejemplo es ilustrativo del vértigo que sintió este hombre fibroso que hizo un master en economía en menos de un año. Es incisivo, realista, y no le gustan los pelotas ni los mouth-breathers, esa gente que se queda en las reuniones con la boca abierta esperando hacer algo. "No quiero gente que me diga lo bueno que soy, quiero gente que me diga lo que está pasando ahí afuera". Eso es todo.  Una gran diferencia respecto al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, que fue el último en darse cuenta de que la casa se estaba quemado. Creía que el buenismo haría de cortafuegos.
Obama ha sabido adaptarse a las situaciones sin renunciar a lo que era esencial para él –acometió la reforma sanitaria pese a la oposición de su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, y muchos de sus más cercanos colaboradores– y manteniendo una distancia prudente, leal y suficiente con unos republicanos que, igual que la derecha española, intentaron demonizar al presidente. Arrojo y temple. La situación, la verdad, lo requería. "Cuando tienes una pandemia por gripe A y ocupa sólo el cuarto o quinto lugar en mi lista de cosas por hacer... definitivamente tienes mucho en el plato".

La crueldad del votante.
Obama ha recibido las bendiciones de la prensa mundial y de buena parte de la americana. "Hay cada vez más pruebas de que sigue la política económica adecuada, pero a su Administración no se le da nada bien darla a conocer", decía Dana Milbank hace unos días en un artículo. Necesita convencer a los estadounidenses con urgencia de que la recuperación está al alcance de la mano, pero ese mensaje está perdiendo frente al del socialismo que gritan los de la oposición. Por eso va a ser muy interesante el resultado de las elecciones de noviembre en EEUU. Hemos visto que los mercados son crueles con los políticos. Veremos los votantes.

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