miércoles, 24 de noviembre de 2010

EDITORIAL. Premio (tardío) a la magia de Matute

El Premio Cervantes tarda, pero al final acierta. María Matute, cuentista y escritora hasta los huesos, recibirá en Alcalá el galardón más importante de nuestras letras. Hay una regla no escrita que dice que después de que el año pasado lo recibiera el mexicano José Emilio Pacheco este año tocaba español. Sorprende el riguroso equilibrio en este punto y cómo el premio ha dado la espalda siempre a las mujeres, quedando hasta ayer nombres tan insignes fuera de su lista como el de Matute. 
El resto de los galardones han estado menos perezosos con ella: dos nacionales de Literatura Infantil, el Nacional de las Letras, el Nacional de Literatura y el de la Crítica, el Nadal 1959 y el Planeta 1954. Tal vez ha pesado el deseo de reafirmar la preeminencia del Cervantes siendo los últimos en conceder el honor, pero la espera ha sido demasiado larga y demasiado poblada de sombras de amiguismos, sensibilidades oportunistas y excesos que es mejor olvidar. Eso por no hablar de la polémica por un proceso de selección que nunca fue  el peor del panorama de los premios literarios importantes, pero que sin duda no se hubiese suscitado de no haber perdido fuelle el jurado dando palos de ciego a la hora de entresacar unos nombres a fuerza de olvidar otros. El reconocimiento a Matute es una buena noticia para la escritora, pero más todavía para el Premio Cervantes, que es de todos.

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