viernes, 5 de noviembre de 2010

Un fantasma recorre España. Qué digo: Europa.

Un fantasma recorre España. Qué digo: Europa. Asoman los vecinos con el ceño fruncido, clamando y con razón contra el exceso de velocidad. Es cierto que España sigue pensando como un país paupérrimo, así que el ibérico al volante pita mucho y hunde la zapatilla hasta el fondo. Si tienes coche es que has prosperado, lloverá y no te mojarás: dos motivos de peso para celebrarlo ofreciendo tu cuerpo en sacrificio, transitando a cien o a casi doscientos.
Brama el vecindario que cruzar es una lotería, se movilizan los de los portales pares y alguno de los impares y en el Ayuntamiento pulsan un botón en el que hay escrito la palabra badén. En unos días está instalado: limpio, barato, eficaz, incómodo pero necesario. Por si acaso, y ya que nos ponemos, colocan uno un poco más abajo. Y otro más arriba. ¡Y los de la bocacalle, se nos olvidaban, que lo pidieron antes que los otros! Montaña y valle, montaña y valle. Ya está el barrio contento.
Así, poco a poco, se va creando Villa Badén. Somos blandos o ciegos a la hora de cazar al Fitipaldi, pero las vértebreas del respetable aguantan los que les echen.
Sé algo del futuro porque he estado allí, diría Sartre. Recuerdo zonas residenciales de EEUU sin una sola calle lisa: ir a cualquier lado suponía subir y bajar 30 de estas montañitas a la ida y otras 30 a la vuelta. Para qué nos vamos a complicar la vida con otras soluciones si ésta calla a los vecinos. Motos y bicicletas, sujetaos los premolares.
 Dirán que soy un romántico pero añoro las calles llanas y este presente me da flato.

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