jueves, 2 de diciembre de 2010

Dos villanos para una crisis de mil billones


Hay una crisis de consumo. La gente no gasta. La clase media ha tropezado con el ladrillo, que era precisamente lo que les iba a convertir en clase alta. Todo esto ha generado paro, que ha hundido a los que menos tienen y a los que más tenían que perder. Se ha desatado el pánico, ha llegado el invierno y los estornudos de los bancos han despertado a los niños: esto es, los políticos y los periodistas. Los Estados se han calzado el traje de Superman y ha salido a la palestra para prestarles dinero. "Si ellos caen, nos hundimos todos",  me dijo el decano de Económicas y colaborador de este periódico, José Morilla, en 2008. Lo que ha ocurrido  después de este torpe relato de la crisis que he hecho es conocido: nos hemos hundido casi todos, y los bancos... no se ha hundido casi ninguno. Se recauda poco, así que los gobiernos que no han subido impuestos han tenido que apretarse el cinturón... aunque al final se lo han apretado hasta los peligrosos izquierdistas como Zapatero (embajada ameriana dixit) y el paro ha seguido creciendo. Olviden la casa: quien tiene un empleo, tiene un tesoro. Ya lo hemos dicho aquí  muchas veces.

Mientras tanto, ha habido elecciones. La riqueza se la busca cada uno. Pero el poder te lo tienen que dar. Y te lo quitan. Importa aquí mucho la colérica pregunta: ¿Quién tiene la culpa de todo esto? No es inocente la interrogación. Busca levantar a alguien de la silla, sentar a otro o tirarles las silla a la cabeza a ambos y abrir la tapa de los infiernos. Robert Reich escribía este semana en The Huffington Post que Obama estaba perdiendo terreno porque los que culpaban al Gran Gobierno (sobredimensionado, esquilmador de impuestos, ineficaz, socialista, bla, bla, bla) están ganando en vocerío a los que culparon a Wall Street (codiciosos, irresponsables, usureros...) No me sorprende tanto esto como estas dos versiones. La izquierda americana tiende más a culpar los vicios del hombre y la derecha censura los vicios del sistema que el hombre creó para contener sus propios vicios. Lo que casi es defender el vicio en sí...

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