miércoles, 17 de marzo de 2010

A volar

Leí hace tiempo que las enfermedades se movían por Europa de una manera caprichosa, simétrica a la de las monedas de euro: pronto estarán mezcladas las acuñadas en Bélgica y las que se bañaron por primera vez en la rara lluvia española. En el trabajo los compañeros algunas veces te prestan un resfriado o te mandan un mail con un virus, una cosa y la otra están hechas para recorrer mundo. Poco importa que haya que hacer noche en la saliva humana o en los unos y ceros del código binario de un archivo ejecutable. El caso es que no hay manera de viajar todo lo que quisiéramos, pero por nuestras narices y nuestros ordenadores pasan demonios viajeros. Conocen mundo, tocan a los guapos y a las guapas y se zambullen en los secretos de nuestro disco duro.
Un día van y nos dejan. Hacen el petate y se marchan a hacer estornudar a alguien más interesante. En cada beso suyo tendrán su oportunidad. En casa mensaje de correo, una puerta abierta. No tienen que deshojar la margarita ni escoger al más indicado porque se multiplican tranquilamente, viviendo existencias fractales. Nosotros nos quedamos en una rutina que nos hemos ganado a pulso, cuidando de las plantas y de los niños, cambiando de canal sin saber qué queremos ver. Pensando si sólo nos marcharemos un día, cuando sea para siempre.
Pero de vez en cuando sucede el milagro. Juntamos unos cuantos días libres y el estornudo somos nosotros. Rebotando de aeropuerto en aeropuerto, infectando aviones, hoteles o sacos de dormir ajenos con nuestra presencia. Los humanos lo llamamos vacaciones pero alguien desde el espacio observará preocupado a estos pobres organismos con falda o pantalón, cómo se arraciman en determinadas fechas mientras las mareas siguen su curso. Como se esperan los unos a los otros en estaciones de tren. Y como por unos días el mundo es un chorro te tierra y mar que te pasa rozando por debajo de los pies. Aunque sepas que en tu tercer o cuarto salto caerás en el agujero de siempre. Y ay de ti si no lo haces.

«Sin inmigrantes también habría paro, falla la política económica»

El consejero de Inmigración, Javier Fernández-Lasquetty y Blanc (Madrid, 1966) sabe que si este está siendo un años difícil para los españoles, a los inmigrantes se les ha puesto la vida todavía peor.
En esta entrevista celebrada en su despacho de la Consejería el consejero defiende que la ley se aplique hasta en los casos de expulsión, pero critica que se detenga a gente sin objetivo concreto y cree llegado el momento de volver a modificar el marco de la legalización de los extranjeros. 
–Con un paro en alza, ¿teme que la inmigración pase a ser el problema en lugar de la solución?
–No, y los datos no indican que vaya a ser así. Es el Gobierno de Zapatero el que cada vez que habla de extranjeros y de paro habla de retorno. Como si al irse todos los extranjeros se acabaría el paro en España, cuando eso no es verdad: habría mucho paro. El problema es que tenemos una política económica desastrosa. Pero la inmigración fue la consecuencia de la prosperidad y a su vez alimentó ese desarrollo. El problema es que necesitamos un gobierno capaz de volver a generar empleos. Lo otro son tratamientos de la enfermedad, pero el problema es la economía y el paro.
–Imagine que es ministro de Inmigración. ¿Cambiaría algo o el problema es sólo la política económica?
–Cambiara muchas cosas, porque ha habido errores terribles. Ahora no hay presión inmigratoria de llegada, porque la situación es la que es y sería el momento de hacer un cambio en el sistema de llegar legalmente a España. Llegar así ha sido siempre dificilísimo, mientras que entrar ilegalmente era algo menos complicado.  
–¿En qué sentido?
–Cambiando el sistema actual, muy planificado e intervenido por los sindicatos y la Administración mediante un contingente y un catálogo de profesiones de difícil ocupación... una serie de artilugios que no responden para nada a la realidad del trabajo. 
–¿Cómo debería ser la ley?
–Tendría que estar más ajustado a la realidad. Lo que no puede ser es que cuando había posibilidades de empleo para 100.000 personas, que eran más o menos las que entraban, el sistema daba sólo cabida legal a 10.000. Y el Gobierno no ha gestionado bien las fronteras, y su regularización masiva de 2006 ha provocado un efecto llamada.
–Vamos, que se fue rácano en el cupo y se pusieron demasiados obstáculos. Pero al mismo tiempo se tuvo demasiada manga ancha en la regularización de 2006. ¿En qué quedamos?
–Esa regularización masiva fue un error que además causó problemas con otros países vecinos.
–Pero estábamos hablando antes de que sí hacían falta esos inmigrantes.
–No, no, no. Había trabajo para todas esas personas, lo que no es normal es hacer una regularización masiva, que a estas alturas ya se ha demostrado que no es bueno. Atrae a otros tantos irregulares atraídos por la idea de que en España dan papeles. Y menos anunciarla con un año y pico de antelación. Pero el PSOE ha hecho mucha demagogia con la inmigración: fue el partido de papeles para todos, el de la regularización masiva y además resulta que todas la personas que vinieron atraídas por esa idea son justo las que ahora detienen en redadas ocultas, no confesadas, negadas, pero que suceden todos los días en Madrid. Lo cual me parece muy cruel...
–Ya ha criticado varias veces que se hagan estas detenciones bajo mano. Pero mójese un poco más: ¿hay que hacerlas o no?
–Tenemos una ley que dispone que las personas en situación irregular han de ser multadas o devueltas a su país. Y yo creo que las leyes están para cumplirlas, porque de lo contrario sería un irresponsable. De lo que estoy en contra es de que eso se haga en secreto, porque no contribuye al prestigio de la ley y no deja a los ciudadanos formarse un criterio.  Según un sindicato policial el año pasado en Madrid se indentificó a 450.000 personas: eso son 1.200 al día. La cifra de expulsados es de 13.000... ¿Qué sentido tiene? Para qué se les retiene durante una noche si no hay voluntad o capacidad de expulsarlos? Es detener por detener y la ley está para cumplirla.
– Esas detenciones pueden ser repetidas, ¿no?
–Sí, algunas personas me han contado que les han detenido seis o cuatro veces.
–¿Cuando empieza este celo policial?
–Hay una fecha clarísima de inicio de todo esto: abril de 2008. Justo al pasar las elecciones generales.
–Antes no me ha dicho si usted los echaría o no.
–Sí le he contestado: la ley hay que cumplirla. Si se le encuentra en situación ilegal hay que aplicarle cualquiera de los dos medidas que contempla la ley: multa o expulsión. Lo que no me parece bien es que se les detenga para que pasen la noche en comisaría. Eso crea una sensación de acoso a estas personas.
–¿No sería mejor gestionar la inmigración a escala europea?
–Eso en buena medida ya está sucediendo. Y la tendencia lógica es que vaya hacia eso. La política europea sobre inmigración arranca en 1999 en una cumbre que tuvo lugar en Tampere, Finlandia. Ha habido una política común en cuanto a permisos, visados... y es lógico que tiendan a converger.
–Pero nadie parece querer soltar competencias.
–Los estados se han ido dando cuenta de que es necesario coordinar esto. Pero decisiones como la de Zapatero de regularizar masivamente son las que hacen que muchos países se echen para atrás. Me contaba un diputado holandés que la regularización masiva coincidió con elecciones en Holanda y que había sido un elemento de la campaña. Porque las elecciones que se tomen aquí tienen consecuencias.
–¿Cómo ha llegado Italia a tener esos problemas con los inmigrantes?
–No lo sé. Me preocupa y no me gusta nada. Ahora las hace Berlusconi y su gobierno. Pero también les escuché comentarios similares del anterior ejecutivo, que era de izquierda. Allí se han cometido errores muy importantes. Como tantos países europeos no se quiso hacer una política de integración por una falsa creencia de que aquello atentaba contra la diversidad: es al revés, se trata de encauzar la diversidad sobre una base común y compartida. Eso no se hizo y tuvo consecuencias. Pero también hay que tener en cuenta que Italia tiene una fuerte presión no sólo de África sino también de la zona de los Balcanes.
–¿Cree que los Ayuntamientos tiene el respaldo correspondiente para gestionar una inmigración que se reparte de manera tan caprichosa?
–...Tan caprichosa que el barrio de Salamanca tiene el mismo porcentaje de inmigración que Móstoles. En todo el Corredor del Henares hay 115.000 extranjeros empadronados, que es un 20% de la población. En Alcalá son 45.000, un 21%. Yo creo que hay una buena respuesta de los Ayuntamientos en este sentido. Se han ido adaptando bien a la realidad de la inmigración. De nuestro presupuesto lo que más gastamos es en apoyar a los ayuntamientos: en los últimos 4 años le hemos dado cuatro millones de euros a Alcalá. Sobre todo para integración: clases de español, formación laboral y esfuerzos para mejorar la convivencia. En este sentido la trayectoria de Alcalá es modélica, gracias en buena medida a la sensibilidad de su alcalde, Bartolomé González. Él es muy consciente de que uno de cada cinco de sus vecinos es alguien que ha escogido Alcalá para venir a ganarse la vida desde otro lugar del mundo.
–¿Qué le respondería a la gente que dice que ese dinero es mejor que se lo den a los españoles?
–Es que no se reparte entre los inmigrantes. En todas estas tareas de formación y orientación se intenta que haya españoles. Aprender juntos a buscar empleo en internet mejora la convivencia. 

«Hay que empadronar, pero con un mínimo de dignidad»
–¿Estaba Torrejón negando el padrón a los inmigrantes?
–Con Torrejón lo que se ha hecho es mentir. Torrejón nunca ha dejado de empadronar a personas en situación irregular. Estableció limitaciones referidas a tamaño de las viviendas en el el caso de que los que se empadronasen no fuesen de la misma familia. Y eso se intentó comparar con lo de Vic, gobernado por socialistas y nacionalistas, que son por cierto los que han hecho las leyes de extranjería. Y, claro, hubo una ola de acusaciones tan fuertes que el alcalde de Torrejón prefirió sacar a su municipio de esa polémica y anuló esas normas de empadronamiento. Y eso me parece muy legítimo y respetable. 
–¿Es común el hacinamiento?
–Esas normas están pensadas para evitar unos pocos casos, que son o increíbles o inconcebibles. No es lo común, lo normal es que figuren en el padrón los que viven ahí nada más. En Madrid se han dado casos de pisos en los que figuraban 100 personas: sencillamente no es así, no vivían allí sino que se utilizaba como banco de anotaciones. Además hay otras situaciones que no son compatibles con la dignidad, como el hecho de que en viviendas de no mucho tamaño estén habitando diez o doce personas. Me parece lógico que haya alcaldes a los que les preocupe esto y tomen alguna medida. El alcalde de Torrejón no fue el primero, hubo otros que pusieron alguna medida antes: como el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, cuando era alcalde de Hospitalet. Y de hecho después de toda la que le han montado al alcalde de Torrejón, el Gobierno anuncia que en una reforma de la Ley de Régimen local va a facultar a los alcaldes que quieran evitar hacinamiento de personas en la vivienda. Esto es básico por la dignidad humana, por la seguridad de los que viven y por la de los vecinos.    
–Y se rechazaba a los que tenían visado de turista.
–A lo que se refieren es que a los que tienen un visado de turista no se le debe empadronar.  Otra cosa es que otros entraron con visado de turista, aquello caducó y quedaron en situación irregular. Pero insisto, el Ayuntamiento de Torrejón no ha dejado jamás de empadronar a irregulares.
–La tormenta que se montó fue considerable.
–Quienes han manipulado la realidad de Torrejón no han hecho nada a favor de la convivencia. Me fijé en comentarios de torrejoneros a las noticias, y muchos no reconocían eso como la realidad de su ciudad. Es un municipio abierto, con un 20% de inmigración y para los cuales el Ayuntamiento creó una concejalía. 
–¿Teme que el clima se deteriore?
–El Gobierno no reconoce toda la población que tiene Madrid a efectos de financiación. El Gobierno central controla las fronteras, bastante mal, por cierto. Pero en cuanto el inmigrante pone los pies en suelo español somos las comunidades las que nos ocupamos. El Gobierno es muy poco responsable, y menos todavía cuando reduce a la mitad el fondo para la inmigración que daba para los inmigrantes. Nosotros no hemos disminuido nuestras ayudas.

martes, 16 de marzo de 2010

Le roban del coche una maleta llena de basura

Que le rompan a uno la ventanilla del coche dos veces en  menos de un mes va camino de la maldición divina, sobre todo si ocurre en dos ciudades distintas. Pero si la segunda vez, frente a tu piso de Lope de Figueroa, lo único que te roban es una maleta de basura... la cosa pasa ya de castaño oscuro. Es lo que le pasó a Diego C.E., vecino de El Val. Se llevó el primer susto de 2010 a finales del mes pasado, cuando  hicieron añicos la ventanilla de su coche aparcado en un barrio bien de Madrid. "No robaron nada, revolvieron el interior y forzaron el micrófono del manos libres del móvil", relata ahora. La semana pasada volvió a suceder, esta vez frente a su casa. Pero el robo tampoco merecía la pena. Le sustrajeron sólo una maleta vieja llena de vidrio. "La llevaba en el coche porque la tenía que llevar a reciclar, no me imagino la cara que habrá puesto el chorizo al abrirla".