viernes, 26 de marzo de 2010

"El pasado es el único tiempo posible"

A Pedro Atienza 'le nacieron' en Madrid en 1955 pero creció en Alcalá. Escritor, periodista y devoto del flamenco, un día desapareció:  víctima, dice, del hartazgo de Alcalá y del amor por una ecuatoriana. Un punto más maduro y escaldado por los espíritus complutenses prepara una gira a lo Rolling Stone a lomos del cante.
–¿Por qué desapareció?
–Hay una razón: que me enamoré. Vilma es arquitecta de Ecuador. Vino a una Muestra de Humor Gráfico a Alcalá porque también es dibujante. Así que esta vez me fui para allá a vivir. ¡Con dos cojones!
–Dejando atrás su querida Alcalá.
–Estaba asqueado. Es una ciudad apaletada y ensimismada. Tengo amor y odio a la ciudad, pero ganó lo segundo por la vida íntima de Alcalá, que me parece absolutamente deleznable... cosa de sátrapas. Pero ésta es mi ciudad: mis mejores amigos están aquí. Y mes mejores enemigos también...  Ya apenas salgo. 
–Toca exilio interior.
–Sí. Siempre sube que iba a volver. Pero ha sido un cambio extraordinario. Y yo era poco viajado. Y lo sigo siendo, porque soy un poco como Pessoa: odio los viajes. Ecuador es un país límite: todo lo bueno y lo peor está ahí.
–¿Corren malos tiempos para la lírica?
–Eso siempre. En Alcalá no conozco a ningún poeta. Una cosa es autodefinirse como poeta y otra cosa es serlo. En Alcalá, ninguno.
–Algo andará escribiendo ahora...
–Estoy con una novela que se llama La vida a palos. Tiene mucho de autobiográfico y sale Alcalá. Me tendré que exiliar cuando se publique. [Risas] Está centrada en el mundo del flamenco y cuenta la historia de un cantaor que nunca existió, que soy yo. Recojo todo lo que sé del flamenco de 30 años viviendo con gitanos, que son los mejores cantaores... es una especie de falsa autobiografía.
–Y con personajes de la ciudad.
–Sí, y además no todos estarán contentos de haber salido en el libro.
–Tiene tres hijos. Si uno le dice: papá, quiero ser poeta... ¿Lo mata para que no sufra?
–Le digo: pues qué mala suerte. Mi hija Beatriz trabaja en Radio 1, es periodista. No escribe pero el pequeño tiene 13 años y es muy buen lector. Yo no fomento nada de eso, ni tampoco lo freno. Será lo que tenga que ser. La poesía es una forma de vida, no sólo es el resultado de escribir versos. Contiene una ética, es una actitud de personas alzadas. Un poeta de verdad no puede ser un sumiso ni un gregario. Tiene que ver con la soledad y con el desamparo.
–A ese hijo le puso Atila de nombre. ¿Pega bien?
–Le pusimos Manuel Atila para que pudiese escoger. Ahora está más contento con su nombre, pero antes no. Y sólo dejaba que yo le llamase así. Tiene trazas de seguir con la poesía...
–¿Usted fue un niño bueno?
–Travieso. Malo, no sé. He hecho muchas cosas mal, mi vida es un error. Tengo fama de rebelde y la llevo como puedo.
–Para ligar... ¿funciona la literatura o mejor un cochazo?
–Yo no tengo ni carnet. Pero no creo que la literatura influya mucho. Funciona más ser guapo: y no depende de uno.
–Sé que le pierde el flamenco. Y que ahora está preparando una gira para dar el cante.
–Me voy con Sordera, que es como un hermano para mi. Empezamos con Pessoa haciendo versiones y ahora vamos a hacer Entre dos mundos, una gira latinoamericana adaptando al flamenco a autores de una lado y otro del charco. Hemos versionado a Unamuno, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, los Machado... Y al mexicano Alfonso Reyes, al colombiano José Asunción Silva, que se suicidó pegándose un tiro en el corazon tras marcarse con carmín. Ahora se empieza a cumplir el bicentenario de la independencia de países latinoamericanos y a la comisión que organiza los eventos le encantó la idea. 
–¿Encontró a Alcalá muy cambiada?
–Cambia poco. Es una ciudad ensimismada que fagocita a sus hijos. Y mira si estamos mal que ni siquiera somos capaces de reinventarnos un paso esplendoroso que hemos tenido. Y yo creo que el pasado es el único tiempo posible. Por aquí pasaron todos los poetas importantes del siglo XVII. No es que se haya olvidado eso, es mucho peor: no existe ese poso del pasado. A Alcalá se le paró el reloj y no se reconoce en su pasado de ciudad. Y lo peor es en manos de quién está.

jueves, 25 de marzo de 2010

Alcalá ha estado más de dos meses respirando aire nocivo

Usted cree que nunca ha probado el veneno, pero el año pasado pasó varios meses respirándolo. 73 días, para ser más exactos, que dejan un rastro de metales pesados en nuestros bronquios. Así lo explica Ecologistas en Acción en su último informe, elaborado con las mediciones de la Comunidad de Madrid, y que pone mala nota al aire de Alcalá sobre todo en el capítulo de partículas en suspensión.
Más de 42 microgramos de basurilla flotando en cada metro cúbico no es recomendable, dicen los médicos. Si ocurre de vez en cuando no pasa nada, más de 35 veces al año es grave. Alcalá duplica esa cifra y año pasado tuvo 73 días negros, de esos que perjudican seriamente la salud.
El término "partículas en suspensión" abarca un amplio espectro de sustancias orgánicas o inorgánicas, dispersas en el aire, procedentes de fuentes naturales y artificiales. Y no son nada buenas. "Yo no fumo, y tengo bronquitis crónica por culpa de todo esto", se queja Antonio Ruiz de Elvira. No es un afectado más por la contaminación, es catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá y uno de los más reputados expertos en Medio Ambiente de nuestro país. Cree que la A-2 que discurre junto a la ciudad tiene tanta culpa o más que la capital en la formación de esta  nube de veneno invisible: "Están parados camiones durante la mañana y durante la tarde liberando sustancias tóxicas". Resultado: Antonio tose sin parar y sin cura.
Hay ciudades que están peor, pero no hay que irse muy lejos a buscarlas. La red de medición de la contaminación atmosférica de la Comunidad de Madrid está formada por 23 estaciones de distintos tipos y Torrejón es la que sale peor parada, con 104 días con demasiadas partículas en suspensión. Alcalá es la segunda clasificada, seguida por Leganés, Coslada y Valdemoro. El resto de ciudades de Madrid no cruzan la línea roja en este capítulo o lo hacen por muy poco.
Ni las lluvias ni la menor actividad económica han ayudado. Al contrario: 2009 ha sido peor en número de días críticos que 2008, un año en el que no se rebasó el tope de los 35. En el pasado sí hay precedentes. En 2007 rebasamos la barrera en 70 ocasiones y en 2006 en 56.
¿Quién tiene la culpa de este incremento? "Ni Madrid ni Alcalá son compartimentos estancos", explica Jesús Domínguez, concejal de Medio Ambiente de Alcalá. Se muestra escéptico a la hora de plantear medidas correctoras para mejorar los vertidos a la atmósfera: "De nada sirve regular el tráfico si los municipios que hay alrededor no lo hacen".
Domínguez cree que la contaminación de la capital es nociva, pero también advierte de que no hay que caer en alarmismos "porque no se han superado niveles graves en el caso del ozono troposférico" y en algunos indicadores hemos mejorado recientemente. 

Los datos esgrimidos por los ecologistas dicen otra cosa. "Un gran número de estudios epidemiológicos evidencian los graves efectos sobre la salud de la exposición a la contaminación por partículas: incrementos en la mortalidad total, mortalidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares, mortalidad por cáncer de pulmón e ingresos hospitalarios por afecciones respiratorias y cardiovasculares", explica Ecologistas en Acción en su informe. La exposición a partículas en suspensión puede reducir la esperanza de vida entre varios meses y dos años.
Los ecologistas también culpan al atasco. Pero creen que son las carreteras las que generan todo el mal: "Con el efecto llamada que generan las nuevas autovías, los problemas de congestión, lejos de solucionarse, se agravan, al poner cada vez más automóviles en circulación". Así lo prueba, dicen, también el hecho de que el área metropolitana madrileña no sólo sea récord europeo en kilómetros de autovías por habitante, también es la capital del atasco. Y con el atasco vienen los malos humos.

Otra maldición presente en el aire de las ciudades proviene mayormente de la oxidación del óxido de nitrógeno (NO) cuya fuente principal son las emisiones originadas por los automóviles. En relación con el NO2, el valor límite anual establecido por la legislación vigente para 2009 estaba fijado en 42 microgramos por metro cúbico y Alcalá sólo registro 37. De cara al año que viene la ley será más dura y no se deberá pasar de los 40. Pero donde tiene realmente el problema Alcalá es en las partículas en suspensión. No sólo excede los límites demasiados días al año. La media anual también excede lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud: 36 microgramos por metro cúbico, muy por encima de los 20 estipulados como tope. En la región sólo nos gana Torrejón, con 42 microgramos de media, excediendo incluso el límite legal de la Unión Europea.
La capital registra unos datos mejores y está en 26. Esto lleva a muchos a desconfiar de las mediciones. Tanto el catedrático Antonio Ruiz de Elvira como el concejal Jesús Domínguez creen que deberían hacerse las mediciones de otro modo. "La estación de Alcalá está en la calle Demetrio Ducas, muy cerca del grueso del tráfico", explica el edil. Ruiz de Elvira cree que aunque "se mide mal", hay que tomarse en serio estos datos y tomar medidas ya: "Vale la pena incluso desde el punto de vista de la economía. No podemos gastarnos lo que nos gastamos en sanidad". Aparcamientos disuasorios en las estaciones de transporte público del área metropolitana, carriles bus segregados, usar la bicicleta y establecer un límite de velocidad a 80 en el área metropolitana de Madrid son algunas propuestas sobre la mesa.

miércoles, 24 de marzo de 2010

IBI César, las viejas te saludan

Tengo ganas de ver el careto de nuestro presidente el día que la nación discutible que preside le dé una patada en el culo. Acabará mal y será por los impuestos y no por lo otro: igual que le pasó a Al Capone. Los españoles no somos suecos y llevamos un cepo en el bolsillo: el que meta la mano se pillará los dedos. No es justo, pero así nos cobramos otras indulgencias. 
El iluminado de la ceja piensa que puede dar amor a los funcionarios y caña a los consumidores: los trienios son sagrados, los convenios intocables... pero el precio del pescado no estaba escrito en ningún acuerdo ni figura en el imaginario de la izquierda: poco importa que se dispare. Si el pueblo no tiene pan, que coma pasteles: así dicen que dijo María Antonieta.
El adanismo de nuestro presidente ha desatado un furor uterinoprostático igualmente adanista. Parece como si con Aznar la pesada maquinaria del Estado la gestionase una ETT. Sí, clama al cielo que los de siempre se suban el sueldo, pero el agujero gordo no viene por la remuneración de los funcionarios sino por su disparatada abundancia. Por eso es un poco fútil ensañarse con su jardín de las delicias. Es su jefe –presidente o alcalde– el que contrata a demasiado personal y no lo gestiona bien. Llamo al Ayuntamiento y muchas veces nadie coge el teléfono. Al ciudadano se le trata mal y se le pasa la cuenta de 2.000 funcionarios sin darle explicaciones. El PSOE local, que tantas veces defendió que había que subir el IBI cuando el PP lo congelaba, quiso poner en la picota al alcalde cuando, al verse sin un duro, decidió que habría que hacer un esfuercito. No se vende suelo y no hay dinero en la caja: tendrán que pagar más las viejas, los solteros y las parejitas jóvenes.
Todo impuesto daña el consumo, hasta el revolucionario. Y La razonable congelación de sueldos no nos sacará del agujero. Hace falta un Estado que haga más con menos, como hacemos usted y yo todos los días. Pero la política prefiere que arree el que venga después. Y el problema no es la abuelita, sino que su nieto pasa y se prepara una opo chachi.