miércoles, 31 de marzo de 2010

Cama(ra)da Putin

Una vez pregunté a mi casero ruso qué opinaba de su presidente Putin. "Habla muy bien... pero todavía no sabemos para quién trabaja". El sentido del humor ahí es algunas veces indescifrable, pero tal vez precisamente por eso es la mejor clave de cómo siente ese inmenso país. Putin, ex agente del KGB, es ahora primer ministro de un país que piensa que "no existen los ex agentes del KGB, porque nunca se deja de serlo".  A una de mis ex profesoras le pone y –como lo que no mata, engorda– no sería de extrañar que la carnicería del lunes en Moscú le haga más popular. Vladimir ha salido de atolladeros peores.
Si en lugar de haber nacido en Leningrado hubiese crecido en Torrejón, es probable que pasase las sobremesas viendo Amar en tiempos revueltos. Una de sus frases más conocidas es: "Quien no extraña la Unión Sovietica, no tiene corazón. Quien la quiere de vuelta, no tiene cerebro". En España ninguno queremos sentirnos orgullosos por nuestros pasado: divididos, huyendo de la libertad y derrotados en ultramar. Pero San Petersburgo te recibe en su primera rotonda con un Lenin descomunal. En el centro se han abierto camino las hamburgueserías y hasta la franquicia de Al Qaeda parece haber llegado para quedarse.
Ninotchka, es una película de 1939 en la que Greta Garbo es una agente comunista de Rusia que es enviada a París para investigar el trabajo de tres camaradas seducidos por las trampas del capitalismo. Al verla le preguntan:
–¿Y como está Moscú?
–Muy bien, los juicios en masa han constituido todo un éxito. Quedarán menos rusos pero serán mejores.
La poda está siendo más fina ahora: son las elites las que importan, el asesinato en la dosis justa. Lenin dijo que la democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano. Cercados por los Urales y el Polo Norte, los eslavos elegidos se han propuesto durar. Con un convencimiento que ha sembrado simiente en España: seamos malos para evitar que vengan peores. Allá vamos.

“Le dije a mi madre que sería cura y casi me da una torta”

Antes de subirse a un altar a dar misa trepó a las tablas del teatro, algunas veces con autores prohibidos por Franco. José Antonio Navarro (Valencia, 1942) ha sido capellán del Hospital y hoy vive entregado a los ancianos, pero también ha rebuscado por todo Egipto los secretos de los faraones. De su vida de Indiana Jones –capaz de perder el autobús de vuelta al hotel y volver al caer la noche en un camión de borregos–  da fe su casa, en la que hay que caminar de perfil entre tantas miniaturas, esculturas y abalorios. 
–Valencia, Cuenca y catorce años en Alcalá. ¿Es usted de donde pace?
–¡Soy fallero de honor! Y he hecho obras de teatro   en valenciano para fallas. Y en Cuenca han sido 32 años... pero amo mucho a Alcalá y no hay exposición a la que no vaya.
–Venía de Cuenca. ¿Somos lo más manchego que encontró?
–En parte sí. Pero la palabra no es manchego. Es cultura: Cervantes, Cisneros. Es una ciudad noblona, es puro arte... aun con todas las barbaridades que se han hecho...
–Diga una.
–¡Lo que se ha robado! Paseando a mi perro por la manzana del Palacio Espiscopal he visto desaparecer capiteles de un día para otro.
–¿Qué bicho le picó primero: el del teatro o el de la religión?
–Mi vocación vino en sexto de Bachiller. Iba para Filosofía y Letras pero mi madre quería médico. Y cuando le dije que iba a ser cura casi me da una torta: el disgusto más gordo de mi madre. Pero lo primero fue el teatro. Quería ser arqueólogo, pero no tanto sobre Egipto como Roma. Pero me entró ese gustirrinín: porque Egipto te atrae ...que es una borrachera. Y eso que yo iba de botijero, íbamos a dar con el cepillito. He estado 14 veces, la primera en los años sesenta: era seminarista y pesaba 180 kilos, porque a mi me han operado de obesidad mórbida.
–Su casa parece el arca perdida.
–Tenía más: 35 cajas se dieron a Cuenca. Egipto, China... Y en mi cofradía está la colección de Semanas Santas de España. Es producto de mi trabajo y de mis viajes.
–Un capellán en el Hospital verá muchas situaciones límite.
–He aprendido mucho y también de la residencia de ancianos donde estoy ahora. Recuerdo cómo antes ante un cáncer se visitaba al enfermo –ahora te tienen que llamar– y se decía eso de "Dios quiere el dolor". Eso son frases huecas. Pero cuando he estado como enfermo dentro del drama y lo que tienes al lado no es un enfermo más sino tu compañero de cuarto... comprendes el dolor de otra manera. Y con los viejitos igual. Unos están abandonados y a otros les han quitado la herencia. A otros los quieren mucho, y otros no creen en nada.
–En Cuenca hay 47 cofradías. ¿Alcanzaremos la cifra?
–Tanto, creo que no. Pero vamos a avanzar mucho. Todas las hermandades vamos a tener dos pasos. Se está volviendo a lo penitencial, que para eso se crearon. Las Angustias han dado un ejemplo con  la casa de acogida... 
–¿Pedimos perdón menos que antes?
–Es que cuesta mucho. A mi me cuesta. No con el labio. Hay que pedir perdón de verdad y aceptar al hermano como es: sea prostituta o sea homosexual.
–La experiencia del celibato ¿la ha vivido como una carga o como otra enseñanza más?
–No ha sido una carga. Eso no quiere decir que mis ojos no hayan ido detrás de una señora. ¡No me voy a enamorar de un elefante! Somos hombres, lo nuestro con Dios es una alianza y no un matrimonio ¡Dios no es polígamo! En  el seminario me decían que al hablar con una mujer había que mirar a una esquina y a la otra, no  a los ojos... y yo pensaba: pues acabaré bizco.
–¿Qué le queda por hacer ahora?
–Morirme en paz. Ser testigo de la fe. Y ser honrado hasta el final.

martes, 30 de marzo de 2010

“Para escribir poesía me pongo algo de Bunbury”

José Javier Martínez Palacín (Madrid, 1983) no ha terminado todavía Filología Hispánica y ya tiene varios premios literarios en su haber. El último, el Cide Hamete Benengeli de la Delegación de Estudiantes de su facultad.
–Lo mismo retrata a una Virgen que se ateve con una rima o un cuento. ¿Hace falta darle a todo para no aburrirse en esta ciudad?
–Simplemente soy muy inquieto y cada cosa la expreso de una manera. Muchas veces hace falta sólo una imagen.
–Su poemario se llama El jardín de las delicias. ¿Es por lo glotón que es?
–Es por el cuadro de El Bosco. Es fascinante y me atrae mucho por toda la riqueza que tiene. Es poético en el sentido de que es inacababe.
–¿Nuestro Jardín de las Delicias son Los Lunes?
–En el poemario hay algo de Alcalá: ambiente nocturno, universitario... pero también hay algo de un viaje a Normandía, que me marcó mucho.
–¿Lo de poeta lo pone en el curriculum o no hay huevos?
–Sí. Pongo los premios que he ganado porque estoy muy orgulloso de ellos.
–Lleva años explicando la Cisneriana. Diga su secreto favorito de esos muros.
–Más que secretos sé anécdotas, sobre todo de entregas del Premio Cervantes. Pero mi historia favorito son las andanzas de Quevedo entrando y saliendo por la noche del colegio, descolgándose. De ahí la famosa frase: "Soy Quevedo, que ni subo, ni bajo ni estoy quieto".
–¿En casa son fans o le piden que se busque un curro serio?
–En casa no me dicen nada. Les parece bien lo que hago y me dejan a mi aire. Yo tengo muy claro que de esto no se puede vivir. No voy a estar chupando del bote toda mi vida, está claro.
–Se dice de la Semana Santa de Alcalá que lo mejor es el decorado. ¿Está de acuerdo?
–Es una parte muy importante. Pero no es lo mejor. Es la unión de todas las cosas: el fervor de la gente, la belleza de las imágenes y las calles de Alcalá.
–¿Aspira a ser un mirón profesional? Siempre anda  en mitad de la calle. 
–Siempre estoy haciendo cosas. Pero profesionalmente no creo que pueda dedicarme a esto. Me gusta estar en los sitios, eso sí.
–¿La Generación Ni-Ni ha existido siempre o es cosa de ahora?
–Es cosa de ahora. Yo creo que las generaciones anteriores han sido muy trabajadoras: con ideales y metas. A los de ahora les falta encontrar todavía un camino.
–En literatura está la generación Nocilla: autores nacidos en los setenta y ochenta que se criaron en democracia. ¿Es la suya?
–Por fechas sí. Pero no entro en batallas literarias: quiero tener mi estilo propio.
–Pero habrá alguien de su generación al que admire.
–Sí, además es vecino de Alcalá: Alberto Escarpa. Para mi su poemario El retrato es fascinante. Es mi guía.
–Cervantes tiene una frase: "El año en el que es abundante la poesía suele serlo el hambre". Es  el momento ahora, con la crisis...
–Cuando salen mejor las obras de arte es cuando hay penurias. Se escribe mejor cuando uno está peor. Pero también he tenido una mala racha y no llegué a escribir ni una línea. Para crear me pongo un disco de Bunbury o de Héroes... Pero también me inspira una peli o un paseo.
–En su poemario hay una poesía titulada Autodidacta: "Pudo caer del alambre / pero llegó / a lo más alto sin nadie." ¿Ha aprendido contra todos?
–No contra nadie. Pero muchas cosas las he aprendido por pistas que me han ido dejando.
–¿No se han hecho ya demasiadas fotos de Alcalá?
–Se puede buscar otro ángulo. Como en la poesía, siempre queda una vuelta de tuerca.
–Y ahora tiene en mente una muestra de fotografía que rompa moldes...
–Poco puedo contar. Quiero que la gente gire literalmente en torno a un plano. Que la puedan tocar y se puedan meter dentro de la imagen.
–Fotógrafo, periodista local, poeta. Pero antes pasó por el seminario.
–Encontré una Iglesia que no me esperaba. Es lo que me hizo salir de allí. Dista años luz del evangelio.

TDT: Una, grande, libre y cabreada

Es una pena que Millán Astray no haya vivido lo suficiente para disfrutar de la TDT que nos gastamos en Madrid. Ya no hago tumbing, sino fascing o nazing, según toque. La postura es similar: decúbito supino o lateral –según sea la digestión– y los ojos entreabiertos como  degustando suculento manjar. Sólo que la pitanza catódica que ofrece el divino aparato te pinta la sublevación de 1936 casi como un deber cívico. Si hace uno un intermedio de la fase Rem hay alguien en otro canal argumentando que a los negros de África mejor decirles el catecismo al oído que darles un preservativo. Y si la sobremesa se prolonga zapeando te cuentan las gestas de la División Azul, te hablan de los malvados sindicatos, los gandules de los artistas, los liberticidas izquierdosos y la eterna masonería, que como todo el mundo sabe es una de las grandes cuestiones del momento. Al caer la tarde, si la vagancia te impide moverte del sofá, te habrán hecho un repaso a los atentados de los asesinos antivida triturando fetos en plan cine de serie B. Para mi todo esto es nuevo, al menos en esta dosis. Así que el cerebro acaba centrifugado y los cojones pidiendo guerra. Y dan ganas te montar el caballo de Pavía y ensartar con un sable a todo el que no te diga los principios teologales de carrerilla. Cambiar de canal no servirá de nada: estoy cautivo, desarmado y haciendo la digestión.