viernes, 11 de junio de 2010

¡Voto a bríos!

La cadena de tópicos que protege del futuro a esta ciudad  tiene partes más dulces: el Festival de Teatro Clásico nos reconcilia con las tablas porque nos trae lo mejorcito a la puerta de casa. Poco importa que sea vestido de espadachín o de Desdémona, lo importante es que la vida es corta como para pasarla sin aplaudir con un pellizco en el estómago. Ay del que no sepa que eso es el teatro. 

miércoles, 9 de junio de 2010

A mi señal, ira y fútbol

Cada cuatro años la misma cantinela: podemos, a por ellos, con un par, con dos pares, con noventa cartones de huevos... qué importa, al final acabamos con la nariz sangrando o maldiciendo al colegiado asiático. Nos robaron por allá, nos robaron por acullá. El país se hace lamento porque la revolución cuesta muchas perras y ya estamos hasta arriba de cuotas de la casa y el coche. La lucha de clases nos traería dolores de cabeza y la guerra entre países es una carnicería que el elector sólo traga en el cine. Pero si el tablero mundial es un plató de Eurovisión o un campo de juego en el que nuestros gorrinitos trotan en buena lid, ahí echamos el resto: nosotros defenderemos la zona de gol como si fuese nuestra isla, lucharemos en las playas, lucharemos en los campos de aterrizaje para que nadie nos remate, lucharemos en los campos y las calles aunque dejemos una vomitona de regalito, lucharemos en las colinas aunque esté prohibido pisar el césped; y... nosotros nunca nos rendiremos. La cantinela es una mutación del célebre discurso de Churchill ante la Cámara de los Comunes el 4 de junio de 1940, cuando Hitler proyectaba la Operación León Marino para invadir Inglaterra. Ahora hay que tomar Sudáfrica, y aunque llegar no ha sido fácil parece que lo más importante es aguantar ahí hasta última hora. El triunfo es regresar más tarde que las postales que enviamos a casa al llegar al país lejano, como explicó una vez un seleccionador extranjero.
Así que durante unos días la fiesta del fútbol tendrá una disculpa geopolítica: el escupitajo al suelo y la lata de cerveza sobre el sofá son, al parecer, cosas que ayudan a Raúl y a Casillas. Estos chicos vuelan con nuestras palabrotas y con cada puñetazo en la mesa se les duplican los glóbulos rojos. Nada nos defiende del árbitro malencarado. Pero de todo lo demás, ay, si tenemos hasta a la ley de la gravedad acojonada con Paquito el Chocolatero... Que empiecen las maldiciones a la televisión y los codazos a la parienta. A mi señal, ira y fútbol.