miércoles, 7 de julio de 2010

Orgullo y prejuicio

Un par de veces fui a las fiestas del orgullo gay: la última me encontré con mi vecina de entonces, que estaba bastante jamelga. Los dos sabíamos que ambos somos heteros, así que pusimos cara de modernos al vernos. Si te aburres en esa romería es que eres lo peor. Puedes ser gay o hetero, pero hay que molar. Si no, te pasa como a Álvaro Pombo, que siendo también del club del pepino se encoge de hombros cuando le preguntan por los carromatos multicolores. Con lo bien que escribes y la birria de gaylor que eres, Alvarito, no hacen carrera de ti.
Cualquier evento que apele al orgullo me empieza a caer antipático: de da igual si ondea la senyera, la rojigualda o la bandera del arcoiris. Orgulloso sólo está el que no conoce bien a su tribu. En algunos lugares se ha celebrado otros años la Straight Pride Parade, la fiesta del orgullo hetero. Somos una tribu a descubrir, hemos abusado de los sacramentos y del código civil igual que los romanos del vino y la comida antes de que el tenderete se viniese abajo: confirmados, casados, de bautizo, divorciados, recasados... Los pobres gays andaban de miranda ante tal festival de firmas por duplicado, pero por fin la burocracia los ha acogido en su seno. Faltaría más.



Nos ha costado demasiado tiempo que fulanito pueda ir de la mano con zutanito y que menganita haga lo mismo con la otra. Pero seguimos llamando puta a la que se va con dos gachupinos. Y a quien no se empareja le salen agoreros que hablan sobre el arroz pasado, el socarrat y la madre que parió al que encendió el fuego tan pronto. Si sueltas un piropo, eso se lo dirás a todas. Si tu novio es portero de la selección, cuidado no te cargues el mundial por enseñarle el cucu. Si ya no eres una chavalita y te casas con uno más joven, ve preparando una buena excusa. Los celos se siguen viendo como la corteza amarga del amor y si te libras de una piedra en el zapato rumiarán que tienes menos suerte en la vida que Pascual Duarte. A parir con dolor y a jincar bajito que no nos oigan los vecinos. No hemos venido a este mundo a ser felices, sino a reproducirnos.

martes, 6 de julio de 2010

Todos a la disco

Dicen que la infancia dura ahora menos que antes. Y que la adolescencia abarca hasta casi los cuarenta. Pero es el librecambismo lo que lleva el alcohol a los parques: las copas cuestan lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas: mucho. Puretas y ninis vienen de universos distintos pero necesitan chisparse. Aunque se abriesen los mares de Pachá para los peques, la ley de la selva será más fuerte.

lunes, 5 de julio de 2010

Érase una vez el aborto

En España los niños los trae la cigüeña y algunos los roba Bibiana Aído, es lo que el PP no intenta meter en la cabeza. Hay princesitas presas en torreones, y el caballero Zapatero las ha de salvar, es lo que nos cuenta el PSOE. En la calle sobra dogma y falta un poco más de responsabilidad e información. Después: lo que haga falta. Libre, gratuito y legal. Pero antes, menos juegos florales y epilepsias varias.  Dómine Cabra