jueves, 5 de agosto de 2010

Mi papá es skater

De niño fui un patinador de poca monta, no me importa que se sepa. Cuando nos mudamos a El Val no había más que afalto y descampados llenos de alimañas. Los niños del barrio entrábamos en las obras a robar material de los obreros. Es una lástima que no existiese entonces Diario de Alcalá, porque nuestra redactora de sucesos Marina de la Cruz, que por aquel entonces sería otra mocosa, habría escrito una buena crónica sobre los desvalijadores de un poco más de un metro de estatura. Jodíos niños, decía la gente en el barrio. Y sí, éramos unos jodíos niños. Amigos de la basura, con tentación a la pedrada y estrenando las segundas bicis de la democracia.
Una cosa era tener monopatín, y otra ser skater. Manejaban un código vital que se me escapaba. Llevaban zapatillas de la base de Torrejón, pantalones oscuros horrendos para el calor... pero es que cada tribu impone su sufrimiento a los fieles. En mi calle algunos se han muerto, otros se han hecho viejos y algunos han crecido. Los skaters están todavía en este último grupo. No me imagino un entierro de un skater, un monopatinero con regusto americano e ínfulas acróbatas. Es algo que, sencillamente, no ha pasado todavía para mí. Igual que nadie se imagina tirar un iPad a la basura. Pero pasará.

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El mes pasado vi a uno pelirrojo por mi barrio, con la misma barbita que antes. Iba sin monopatín, caminaba raro. Me imagino que los skaters de aquellos años se estarán casando ahora. Tendrán hijos, no sé, son personas al fin y al cabo. Pero estuvieron haciendo cabriolas sobre un monopatín de lija durante varios lustros, esquivando a la edad del pavo y haciendo un hueco a la universidad. ¿Cuándo se corta la coleta un skater? ¿Nunca?
Entonces veremos a gente haciendo cabriolas con barriga, vigilando al niño de refilón y gritando "¡Alejandro, las cosas del suelo no se cogen!" mientras salta un bordillo a medio camino entre el aplauso y el dentista.
Son paradojas de las tribus urbanas, que son inventos incompatibles con la biología. O a lo mejor es esta última la que necesita una actualización. Claro que no vi a ninguna planta ni a ningún animal llorar cuando murió Kurt Cobain...