jueves, 28 de octubre de 2010

Eyaculadores de costrada contra el carril bici ardiendo más allá de Orión

No podemos evitar que la gente aplauda con las orejas su cuota mensual de internet –entre las más caras y lentas de Europa– pero siga a la masa si piensa que le van a tocar los cuatro duros que paga por el agua que malgasta. Nadie le saca los colores al Ayuntamiento por seguir echando basura en un cráter infecto llamado vertedero junto a un parque natural como si no hubiese mañana, pero si se habla se reciclar los residuos se arma la tangana: o lejos o nunca. Aquí se desprecia a la ciencia que pronostica inundaciones en favor del chalaneo vecinal, que no quiere muros que hagan feíto.
Pero ahora llega la oportunidad letal, el match point: el carril bici. Tiene todas las trazas de gran idea recubierta de criptonita complutense. Igual que la peatonalización de Peinado, es un proyecto sobre el que se puede discutir hasta el desmayo, totalmente nuevo en la ciudad y que implica necesariamente un sacrificio a todas las partes. Según el caso: o los coches pierden un carril o bien unas plazas de aparcamiento, o los peatones sacrifican un trozo de acera o los ciclistas se aventuran por una carril creado en el espacio libre que deja la mediana... justo por el centro de la calle. Soluciones mágicas o terceras dimensiones no las hay ni aquí ni en Amsterdam.
Así que no sueltan presa. Y aspiran a llegar al poder los huérfanos de Peinado provocando una ola de similar virulencia que la que mató –políticamente– a su padre. Algunos dirán que le estaría bien empleado al alcalde por aquella facundia que gastó en 2003, pero creo que los ciclistas –y muchos otros– saldremos perdiendo si se frustra esta idea. Uso cada día y sin excepción el carril bici para ir a trabajar, y tras conocer su mejorable trazado y las desaforadas críticas que suscita no me queda ninguna duda: saben todavía menos sobre ir en bici los detractores que sus promotores. O eso, o es pura mala fe. De nuevo se azuzan los bajos instintos.
Farolas. Algunos bulevares, como el de la avenida de Castilla, han sido convertidos en carriles bici: uno de ida y otro de vuelta. Es una manera de no quitar espacio para aparcar ni para pasear, como ciclista lo entiendo. Entre medias quedan las farolas porque de algún lugar tendrá que venir la luz. Pero para una bici no es problema pasar junto a obstáculos inmóviles. ¿No sobrevive usted a los camiones que vienen de cara y bien cerca cuando va en coche por una carretera comarcal? Mejor farolas, ¿no?
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Carril bici elevado.  Ésta sí que es buena: "Sensación de peligro" por ir unos centímetros sobre los coches. Te puedes caer, dicen: hombre, pues igual que si vas en moto. Los centímetros de altura son para que el coche no pueda invadir el carril bici, que es lo peligroso. Al que no le guste pedalear cerca de los coches, debería irse al campo. ¿Pero dónde estamos?
No entiendo esta furia complutense digna de aquellos eyaculadores de costrada que persiguieron al anterior alcalde por ser de Granada. Y que no haya una crítica medianamente documentada al carril. Un tramo chapucero, jamás criticado por su inexistente mantenimiento, es además uno de los más usados: Camino de los Afligidos. Pero veo que las posaderas de los munícipes de PSOE no han sufrido esos baches  peligrosos fruto de la desidia del Ayuntamiento. Ven el carril bici desde fuera y hacen aspavientos como antes se hacía con la minifalda. Espero que la boina ensimismada no venza esta vez.

miércoles, 27 de octubre de 2010

FRANCIS LORENZO “En España el ‘star system’ está en la tele, no en el cine”

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Su nombre ha sonado varias veces para encarnar al Don Juan en Alcalá, pero de momento su espada es requerida en Águila Roja, la serie de La Primera que ha hecho furor. Cabalgando ese éxito recogió hace unos días en Alcalá el galardón de la Asociación de Periodistas APEI por su carrera interpretativa.
–Con la que está cayendo... ¿se están poniendo los malos de moda?
—No tiene nada que ver. Siempre ha habido malos en el cine y en la tele: siempre han tenido un cierto atractivo. Pero lo que me sorprende es que me hayan dado un premio por malo.
–Parece que ahora nos hemos decidido a hacer ficción mirando hacia atrás en muchas series. Pero nos ha costado como país...
–Era una apuesta arriesgada. En España ha crecido mucho el público: se ha acostumbrado a ver calidad y exige mucho. Una cosa buena de irse al pasado es que hemos sabido hacerlo con mucha calidad. Y eso tiene siempre buena aceptación.
–Pero todavía estamos buscando nuestra ficción. ¿Hemos encontrado nuestro Western en la Guerra Civil? ¿O está en el Siglo de Oro y los espadachines?
–Es difícil de contestar. Hemos contado muchas cosas de la Guerra Civil y estamos contando del Siglo de Oro, pero lo importante es que sean historias muy verdaderas. Situar una escena en un tiempo u otro acompaña, pero lo importante es que sea bueno.
–Después de Águila Roja...
–Me voy a rodar a Budapest una película sobre Ángel Sanz-Briz, el Ángel de Budapest, que era un diplomático español. Aquí todo el mundo conoce La lista de Schindler, él salvó a mil judíos. Nuestro Schindler particular, el español, salvó a más de 5.000. Fue un tío que puso su dinero y del que no sabemos mucho en España. Es un personaje real, con una bondad, una sensibilidad y una inteligencia admirables.
–Ahora dicen que en España no tenemos star-system.
–El star system está en la tele en el caso de España, no en el cine. Hay que echar un vistazo a lo que ha pasado en los últimos años. Tíos como Javier Cámara, Blanca Portillo, Carmen Machi... son todos actores buenísimos pero nadie sabía nada de ellos. Hacían teatro y alguna película, pero no existían. Y de pronto se han convertido en estrellas a nivel nacional, en caras muy conocidas por los medios de comunicación. Lo mismo con los más jóvenes, como Manolo Rivas de El Internado o Javier Gutiérrez, que es uno de los mejores actores y está en Águila Roja. O Miriam Gallego... son gente que de pronto son capaces de hacer grandísimas historias, grandes personajes, son enormes actores y actrices y la televisión les ha ayudado a que lo sean. Por eso creo que el star system en España está en la televisión. De hecho si repasas nombres como los de Imanol Arias, Concha Velasco, Carmen Maura... están en la televisión. Deberíamos reflexionar y darnos cuenta de que la tele y el cine no estamos tan lejos.
–¿Y hacia dónde va el cine? Aquí en Alcalá había tres cines. Luego hubo dos y ahora sólo uno.
–El cine está jodido. Está pasando por un momento muy malo en todo el mundo. De los americanos, que se supone  que son los mejores del mundo haciendo cine, vemos al fin y al cabo tres o cuatro películas al fin y al cabo. ¡Hacen trescientas! Parece que hacen un cine de la leche, pero tienen 275 que no hay quien las vea. En España hacemos cien, 90 no hay Dios que las vea, cinco las vemos y cuatro son muy buenas. La proporción es la misma. Es un momento difícil para el cine y para contar historias, pero tenemos que seguir imaginando...
–Y justo ahora que triunfamos fuera... ¿No nota una cierta inquina interior contra el cine español?
–Somos muy cabrones. La crítica, también. Y el nivel de exigencia ha subido mucho. El espectador tiene acceso a todo lo que se hace fuera. Y exige la misma calidad en el producto que se hace en casa.
–Creo que le hace más gracia a las mujeres haciendo de malo que haciendo de bueno...
– No ligo nada. Llevo 29 años con mi mujer y hace tiempo que no ligo. ¿Éxito? Últimamente tengo cierta aceptación, empiezo ahora a mis 50 años ya...

Pobre Zorrilla

Oh, puta plebeya: tú por ser la más bella te la meteré toda ella". En EGB no respetábamos el Don Juan, aquel que según la tradición oral de Primaria "a 100 putas encontrose, y a 99 se follose, mas una se dejose". Creo que si Zorrilla hubiese resucitado para escuchar los irreverentes ripios que con su trágico héroe se hilaban en las últimas filas de la clase... hubiese vuelto a su tumba rezongando, aunque él tampoco fue un santo.
Su padre trató de hacerlo estudiar pero él sólo tenía ojos para el dibujo, las mujeres y las grandes plumas como Walter Scott o Victor Hugo. Cuando se enamoró por quinta vez de la misma prima de siempre el padre se rindió y lo mandó a cavar viñas. Y estando a medio camino el hijo robó una mula y huyó a Madrid.  Lo único que le esperaba a Zorrilla en los ambientes bohemios capitalinos era pasar mucha hambre. No les cuento el resto de su vida pero digamos que hubo altos, bajos y muy bajos hasta el final.

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Nosotros éramos unos botarates todavía peores. Nos tomábamos el teatro a chufla, no digamos la poesía. Nos ponían unos libros coñazo de María Pascual en la biblioteca para leer por parejas, pero no había manera de seguir las andanzas de la niña ésa. Los autores clásicos pasaban por nuestras manos como por una trituradora: bigotes pintados con rotulador en los retratos, falos dibujados sobre las ilustraciones... Me pregunto cómo de tanta inmundicia infantil pudo salir algo decente. La literatura parecía veneno, la poesía aceite hirviendo... y sólo el teatro era aceptable si nos dejaban meter nuestras morcillas herejes.
Luego, con el paso del tiempo, uno conoce un poco más de los autores, aquellos que vilipendió en vez de estudiar su vida de infortunios. Y piensa que hay formas crueles de pasar a la inmortalidad, aunque inevitables. Si te ponen una calle seguro que te pondrán en el programa de estudios: serás escupido por los cachorros y te profanarán el retrato.
¿Y total esa calle para qué? Seguro que Zorrilla hablaría como ese viejo autor, al que le dijeron que le iban a poner una avenida en su nombre.  
–¿Una calle para mi? ¡Pero si lo que necesito es un piso!