miércoles, 22 de diciembre de 2010

Materia gris

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Recuerdo una escena de los Simpsons que me relató mi hermana el otro día. Homer y Marge comentan en el coche lo afortunado que es otro tipo por tener un montón dinero. Al final Homer suelta una frase que aspira a ser concluyente.
–Bueno, Marge, míralo de este modo. Por mucho dinero que tenga, siempre habrá algo que no podrá comprar.
Marge se queda callada unos segundos, y al poco se vuelve hacia Homer.
–¿Qué cosa?
Homer trata de pensar en algo.
–Emm... Uuun... Un dinosaurio.  
Este año le hemos quitado al Estado sus secretos. Los diplomáticos están en pelotingas. Y los músicos y los actores –los que nadan todo el día en piscinas con forma de riñón en San Diego y los que no– nos ven saquear su creatividad a diario: las musas están manoseadas, se las pasa la peña de un ordenador a otro. La materia gris no vale nada, te la asacan a palazos de debajo del cráneo. Además, los revisores, ya lo conté el otro día, han vuelto a ser necesarios, porque si no le ponemos los cuernos al Consorcio en cuanto se da la vuelta. A los caseros no les pagan y los bancos tienen pesadillas: sueñan que les devuelven la casa, con hijos llorones y todo. El panorama es que vamos contra las normas, a lo mejor porque las normas iban contra nosotros.
Que nadie ose cerrarnos el grifo del Señor de los Anillos, el maná de pelis o papichulos que sale del cable del ADSL, porque se puede levantar el propio Walter Cronkite enarbolando la libertad de expresión. ¿Y lo de Yemen? No sabemos dónde cae el pueblo ése. Pero qué fuerte lo que dice el Assange sobre lo de Yemen. Nadie se lo esperaba: te fías de un país, y toma cablegate.
Las casas están baratas, pero no hay humor para comprarlas. Falta pasta, pero nos hemos volcado en la lotería como si no hubiese más paraíso en la tierra que ése. Hasta los divorcios contienen la respiración: es época de amor eterno. La felicidad no era lo más importante al principio, tampoco va serlo al final.
Este año hemos cogido lo que no es nuestro. Total, con el puto dinosaurio no vamos a ninguna parte.